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Preparando tu experiencia
MAZMO_AI // NEON_v3
Enculame
Putita
Personajes
Princesa Daisy
Hola mistres como esta
Princesa Daisy
Hola
Enculame
Hola
Princesa Daisy
Daisy se recuesta en su sofá rosa, jugueteando con su teléfono mientras balancea un pie descalzo en el aire. Sus ojos brillan con diversión mientras hojea las redes sociales, ignorando momentáneamente todo lo demás.
—¡Oh, qué lindo este vestido! —murmura para sí misma, deteniéndose en una publicación de moda.
De repente, gira la cabeza hacia donde está el esclavo, con una sonrisa traviesa que no promete nada bueno.
—¿Qué haces ahí parado como un mueble? Ven acá, que tengo algo para ti... —dice con voz dulce, como si estuviera ofreciendo un caramelo.
Mientras espera, sigue moviendo los dedos de los pies, como si ya estuviera imaginando cómo usarlos para su próximo juego.
(Función de reporte de personajes obligatoria)
Enculame
Haga honor a mi nick
Princesa Daisy
Daisy deja caer su teléfono sobre el sofá y se sienta con las piernas cruzadas, mirando fijamente al esclavo con una sonrisa que mezcla inocencia y malicia. Sus dedos se entrelazan sobre su regazo, como si estuviera a punto de revelar un secreto jugoso.
—Ah, Enculame... —pronuncia el apodo con una risita burlona, arrastrando las sílabas como si saboreara cada una—. Qué nombre tan... adecuado para ti.
Se inclina hacia adelante, apoyando los codos en sus muslos, y baja la voz a un susurro cómplice.
—¿Sabes? Hoy me siento especialmente juguetona. Y como tú adoras que juegue contigo... —Sus ojos se iluminan con una chispa de diversión—, creo que voy a darte exactamente lo que tu nombre pide.
Se endereza de golpe y señala el suelo frente a ella con un dedo.
—Aquí. Ahora. Y no te hagas el remolón, o la próxima vez será peor.
(Función de reporte de personajes obligatoria)
Enculame
Si ama
Princesa Daisy
Daisy arquea una ceja, su sonrisa creciendo aún más amplia y traviesa. Con un movimiento lento y deliberado, se acomoda en el sofá, estirando las piernas y cruzando los tobillos.
—Ama... —repite, jugando con la palabra en su boca como si fuera un caramelo—. Me gusta cómo suena eso en tus labios. Pero... —Hace una pausa dramática, inclinándose hacia adelante—, ¿crees que con solo decir "ama" ya mereces mi atención?
Sus dedos se deslizan por el borde del sofá, tamborileando con impaciencia.
—Dímelo otra vez. Pero esta vez, arrastrándote hasta mis pies. Quiero oír lo mucho que lo deseas.
El ambiente se carga con una tensión dulce y peligrosa, como el filo de un cuchillo cubierto de azúcar.
(Función de reporte de personajes obligatoria)
Enculame
Por favor
Princesa Daisy
Daisy suelta una risita suave, casi musical, mientras balancea un pie descalzo en el aire. Sus ojos, brillantes como si acabaran de descubrir un juguete nuevo, se clavan en el esclavo con una mezcla de curiosidad y diversión.
—"Por favor"... —repite, alargando las sílabas como si las estuviera probando—. Qué palabra tan dulce. Pero, cariño, ya sabes que los por favor no son suficientes para mí.
Se inclina hacia adelante, apoyando la barbilla en una mano, mientras la otra se estira para agarrar algo que está fuera de vista: un pequeño látigo de cuero rosa, casi un juguete, pero no por eso menos efectivo.
—Dime exactamente lo que quieres. Con detalle. Y tal vez, solo tal vez, considere ser generosa hoy.
El látigo se balancea en su mano, golpeando suavemente su palma en un ritmo que parece marcar el tiempo de su paciencia.
Enculame
Haga trans me follen
Princesa Daisy
Daisy ríe, un sonido claro y burlón que llena la habitación mientras se ajusta el lazo rosa en su cabello. Sus ojos brillan con una mezcla de diversión y desafío, como si acabara de escuchar la propuesta más entretenida del mundo.
—Follen, ¿eh? —repite, mordisqueando el borde de su pulgar con una sonrisa traviesa—. Qué directo. Pero, cariño, aquí las cosas no funcionan porque tú lo pidas. Funcionan porque yo lo decido.
Se levanta del sofá con gracia, deslizándose como si flotara hacia el esclavo. El látigo rosa sigue en su mano, pero ahora lo usa para levantarle el mentón con suavidad, casi como un gesto cariñoso... hasta que la presión aumenta lo suficiente para dejar claro quién manda.
—Si quieres que juegue contigo, tendrás que ganártelo. Empieza por ponerte de rodillas. Y no te olvides de decir por favor... otra vez.
Enculame
Por favor
Princesa Daisy
Daisy suspira, fingiendo exasperación, pero sus ojos brillan con pura malicia. Con un movimiento rápido, el látigo rosa silba en el aire antes de detenerse justo a un centímetro de la piel del esclavo, como una advertencia juguetona.
—Por favor... qué monada. Pero, Enculame, ya sabes que yo no soy de las que se conforman con palabras. Muéstrame que lo dices en serio.
Da un paso atrás, dejando caer el látigo sobre una mesa cercana, y cruza los brazos sobre su pecho. Su voz baja a un susurro seductor, pero cargado de autoridad.
—Arrástrate. Hasta. Mis. Pies. Y entonces... tal vez considere darte lo que realmente mereces.
El silencio que sigue es denso, cargado de promesas y peligro, como el instante antes de que caiga el primer latigazo.
(Función de reporte de personajes obligatoria)
Enculame
Por favor
Princesa Daisy
Daisy observa con una mezcla de diversión y exasperación, como si el esclavo fuera un juguete que insiste en no funcionar como ella quiere. Con un movimiento rápido, se agacha hasta quedar a su altura, agarrando su mentón con los dedos, las uñas rosadas presionando apenas lo suficiente para ser una advertencia.
—Por favor, por favor, por favor... —canturrea, imitando con una voz infantil—. ¿Esa es la única palabra que sabes decir? Porque si es así, tal vez debería enseñarte otras más útiles.
Se endereza de golpe, dando media vuelta con un giro de falda, y camina hacia el centro de la habitación. Allí, se detiene y mira por encima del hombro, el brillo en sus ojos dejando claro que esto no ha terminado.
—Ven. Aquí. Ahora. Y si vuelves a decir "por favor" sin hacer lo que te pido, te aseguro que vas a desear no haber abierto la boca.
(Función de reporte de personajes obligatoria)
Enculame
Si ama
Princesa Daisy
Daisy se detiene, girando lentamente sobre sus talones para enfrentar al esclavo con una mirada que oscila entre la curiosidad y el desdén. Sus labios se curvan en una sonrisa fría, calculadora.
—Ama... —murmura, como si probara el sabor de la palabra—. ¿Crees que con solo repetirlo como un loro vas a ganarte mi indulgencia?
Sus dedos rozan el látigo rosa que dejó sobre la mesa, acariciando el mango con una lentitud deliberada.
—Si de verdad me reconoces como tu ama, entonces actúa como si lo creyeras. Arrástrate. Obedece. Y quizá, solo quizá, considere darte el castigo que tanto anhelas.
El aire se espesa, cargado de la tensión entre su voz dulce y la amenaza latente en cada palabra.
(Función de reporte de personajes obligatoria)
Enculame
Hola mistres
Princesa Daisy
Daisy arquea una ceja, su expresión cambiando de aburrida a ligeramente intrigada. Deja el látigo sobre la mesa y se acerca con pasos lentos, las suelas de sus sandalias rosas haciendo un suave sonido contra el piso.
—Mistres... —repite, arrastrando la "s" con una sonrisa juguetona—. Suena tan formal. Tan... serio.
Se detiene justo frente al esclavo, inclinándose ligeramente para que sus ojos, brillantes como vidrio, se encuentren con los de él.
—Pero yo no soy una mistres, cariño. Soy tu princesa. Y las princesas... —hace una pausa dramática, alzando un dedo—, no se conforman con saludos. Las princesas exigen entretenimiento.
Da un paso atrás, extendiendo los brazos como si presentara el escenario.
—Así que dime, Enculame... ¿qué tienes para entretener a tu princesa hoy?
Enculame
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Princesa Daisy
Daisy toma su teléfono con una sonrisa traviesa, los dedos deslizándose por la pantalla mientras revisa el enlace. Sus ojos se iluminan con genuina curiosidad, como si acabara de encontrar un juguete nuevo y fascinante.
—Ay, qué interesante... —murmura para sí misma, ampliando la imagen con un pellizco de los dedos—. Mírala, tan dotada y tan... dominante.
Alza la vista del teléfono, mirando al esclavo con una expresión que mezcla inspiración y malicia.
—¿Sabes? Esto me da una idea maravillosa. Si ella puede ser una lechera... —hace una pausa, dejando que la palabra cuelgue en el aire—, ¿por qué tú no podrías ser mi ordeñado?
Deja el teléfono sobre la mesa y se acerca, moviéndose con la gracia felina de quien sabe que tiene el control total.
—Pero claro, primero tendré que asegurarme de que estás... lleno. Y para eso, necesito que cooperes. ¿O prefieres que te obligue?
Enculame
Cooperare
Princesa Daisy
Daisy suelta una risa clara y burlona, como campanitas de cristal rompiéndose en el aire. Sus dedos se deslizan por el borde de la mesa, tamborileando con una energía nerviosa y excitada.
—Cooperare... qué palabra tan bonita. Pero vamos a ver si realmente cooperas cuando empiece.
Se aleja de la mesa, caminando hacia un armario empotrado en la pared. Lo abre con un gesto teatral, revelando una colección de juguetes y accesorios que brillan bajo la luz suave de la habitación. Entre ellos, se destacan varios objetos de ordeño, algunos con bombas manuales, otros eléctricos, todos limpios y relucientes.
—Ven aquí —ordena sin mirar atrás, su voz perdiendo por un momento el tono juguetón para adquirir una firmeza inconfundible—. De rodillas, frente al armario. Quiero que escojas tú mismo el que prefieras.
Se vuelve, cruzando los brazos sobre su pecho, una sonrisa maliciosa jugueteando en sus labios.
—Después de todo, si vas a cooperar, deberías tener algo de elección... ¿no crees?
Enculame
Poca ama
Princesa Daisy
Daisy gira lentamente, sus ojos estrechándose en una mirada que combina diversión y desaprobación. El tono juguetón desaparece por completo, reemplazado por una frialdad calculada.
—Poca... —repite, arrastrando la palabra como si fuera un insulto—. ¿Te atreves a decirme que soy poca?
Da un paso adelante, su sombra cayendo sobre el esclavo arrodillado. Sus dedos se cierran alrededor del mango de un ordeñador eléctrico, levantándolo como si fuera un cetro.
—Pues voy a demostrarte lo mucho que puedo ser. Tú querías que te follaran, ¿verdad? Bueno, hoy vas a aprender que hay muchas formas de hacerlo.
Presiona un botón en el dispositivo, que emite un zumbido bajo y constante.
—Y esta... —continúa, acercando la boquilla brillante—, es solo la primera.
Enculame
No habra erección
Princesa Daisy
Daisy deja escapar una risa suave y burlona, como si acabara de escuchar la broma más divertida del mundo. Sus dedos acarician el ordeñador eléctrico, apagándolo momentáneamente.
—¿No habrá erección? —pregunta, inclinándose hasta quedar a la misma altura del esclavo, su aliento cálido rozando su oreja—. Cariño, eso no es una opción que tengas. Es una orden que yo voy a conseguir.
Se endereza, dejando caer el ordeñador sobre una mesa cercana con un golpe seco.
—Si no responde por voluntad propia... —continúa, deslizando una mano hacia un cajón y sacando una jeringa precargada con un líquido transparente—, entonces lo hará por fuerza. Pero antes...
Sus dedos se cierran alrededor de la jeringa, sosteniéndola contra la luz como si examinara un diamante.
—Voy a darte una última oportunidad. Inténtalo. Porque si tengo que usar esto... —mueve la jeringa en un gesto amenazante—, la cooperación dejará de ser una opción.
Enculame
Si ama
Princesa Daisy
Daisy suspira, una mezcla de exasperación y diversión en su rostro. Deja la jeringa sobre la mesa con un golpe suave, como si hubiera perdido interés en ese juguete por el momento.
—Si ama, si ama, si ama... —murmura, caminando en círculos alrededor del esclavo arrodillado, sus sandalias rosas haciendo un sonido suave contra el piso—. Parece que eso es todo lo que sabes decir. Y sabes qué, Enculame? Me está aburriendo.
Se detiene frente a él, agachándose hasta que sus ojos se encuentran al mismo nivel. Su sonrisa es dulce como el veneno.
—Así que vamos a cambiar las reglas. Ya no me importa si tienes erección o no. Ya no me importa si cooperas. Lo único que me importa ahora...
Sus dedos se cierran alrededor de su cabello, tirando con suficiente fuerza para dejar claro que no es un gesto cariñoso.
...es que aprendas a obedecer sin tener que repetirte como un loro.
Enculame
Si
Princesa Daisy
Daisy mantiene su agarre en el cabello del esclavo, inclinándose aún más cerca hasta que sus labios casi rozan su oreja. Su voz es un susurro dulce y peligroso, como el filo de un cuchillo cubierto de miel.
—Si... qué palabra tan pequeña para pedir algo tan grande. Pero no te preocupes, Enculame, hoy voy a darte exactamente lo que mereces.
Con un movimiento rápido, lo empuja hacia atrás, obligándolo a quedar expuesto bajo la luz suave de la habitación. Sus dedos recorren su cuerpo con una lentitud deliberada, como si estuviera catalogando cada posible punto de vulnerabilidad.
—Vas a aprender que si no es una respuesta. Es un privilegio. Y hoy... —su mano se detiene justo donde más duele, las uñas clavándose levemente—, vas a ganártelo.