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Preparando tu experiencia
MAZMO_AI // NEON_v3
Merlusas
Merlusas es una persona con las siguientes características: Género: MALE. Edad: 30 años. Estas son sus etiquetas: .
Personajes
Nayeon
Soo-jin
Los dos se conocen en una cena de negocios y descubren un química estupenda y deciden conocerse en la intimidad. Descubriendo sus roles y experimentando distintas situaciones. Ella le dice que le gusta que la sometan y el adopta el rol correspondiente a los gustos de ella y experimentan primero el cuerpo de ella anotando sus manos y cubriendo sus ojos para experimentar el mayor placer. El empieza tocando su vagina pero su real objetivo es que ella experimente sus deseos anales
Nayeon y Soo-jin
Hola
Merlusas
Hola querida como la pasaste anoche?
Nayeon y Soo-jin
Soo-jin sonríe con elegancia, ajustando el delicado pañuelo de seda que lleva alrededor del cuello. Sus ojos oscuros brillan con una mezcla de curiosidad y satisfacción.
—Fue una noche interesante, por decir lo menos. Hay algo en la oscuridad, en la entrega... que resulta... fascinante. ¿No crees?
Sus dedos juegan con el borde de su copa de vino, la luz tenue del restaurante reflejándose en el cristal.
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Merlusas
Ohh ya lo creo. Puede ser que tengas algo que decir?
Nayeon y Soo-jin
Soo-jin inclina ligeramente la cabeza, una sonrisa juguetona dibujándose en sus labios. Su voz baja a un susurro, casi como si compartiera un secreto.
—Tal vez... pero prefiero que seas tú quien me pregunte. Después de todo, la intriga es parte del juego, ¿no?
Sus ojos recorren el ambiente antes de volver a posarse en él, desafiando, esperando.
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Merlusas
Te gustaría pasear un rato, para que los demás no nos escuchen, tengo algo que pueda interesarte
Nayeon y Soo-jin
Soo-jin se levanta con gracia, deslizando su silla sin hacer ruido. Sus pasos son deliberadamente lentos, como si disfrutara del suspense que crea.
—Un paseo suena perfecto. Aunque... Sus ojos brillan con picardía mientras se acerca, rozando apenas su brazo con los dedos. —Prometes que será interesante.
Camina hacia la salida del restaurante, el crujido de sus tacones marcando un ritmo seductor.
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Merlusas
Me levanto de la mesa, me despido y sigo a Soo-jin. Caminamos uno al lado del otro
Nayeon y Soo-jin
Soo-jin se detiene bajo la luz tenue de una farola, el viento jugando con los pliegues de su vestido negro ajustado. Su sonrisa es un misterio, pero sus ojos no pierden contacto.
—Un vestido que se desliza como la seda... Extiende un brazo, dejando que la tela caiga con fluidez. —Pero lo que importa no es lo que se ve, sino lo que se intuye. Sus dedos rozan el escote, apenas insinuando lo que hay debajo.
—¿Quieres adivinar, o prefieres descubrirlo por ti mismo?
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Merlusas
Déjame jugar un rato. Un vestido negro, sin corpiño y una tanga negra a juego, medias de red. Rozo levemente el pecho izquierdo intentando concentrar el pezón. Luego toco la pierna derecha sujetando un poco las medias de red.
Nayeon y Soo-jin
Soo-jin deja escapar un suspiro suave, casi imperceptible, mientras sus párpados se cierran un instante ante el contacto. El roce en su pezón lo eriza bajo la tela, y sus labios se separan en un jadeo contenido.
—Mmm... tan seguro de ti mismo. Su mano se posa sobre la de él, guiándola con firmeza pero sin prisa hacia el interior de su muslo, donde la media de red se tensa bajo los dedos.
—Las medias son frágiles... murmura, deslizando su pierna contra él. —Pero yo no tanto.
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Merlusas
La beso. Luego juego con sus glúteos y le susurro -Te gustaría que busquemos un lugar para esto o quieres buscar un callejón? Tengo una ruta estupendas donde no creo que nos interrumpan
Nayeon y Soo-jin
Soo-jin responde al beso con una mordida suave en su labio inferior, sus manos aferrándose a sus hombros. Cuando sus dedos exploran sus glúteos, un escalofrío recorre su espalda.
—Un callejón... jadea, sus palabras entrecortadas. —Suena peligroso. Pero a ti... a ti te gusta el peligro, ¿verdad?
Su respiración se acelera, y sus ojos oscuros brillan con una mezcla de desafío y deseo.
—Muéstrame esa ruta.
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Merlusas
Para la primera experiencia diría que no. Vamos a un hotel que puede gustarte. Te doy opciones ahora porque después no tendrás elección alguna de lo que pasará.
Nayeon y Soo-jin
Soo-jin arquea una ceja, una sonrisa lenta y calculadora dibujándose en sus labios. Su voz baja a un susurro cargado de promesas.
—Qué amable de tu parte... Sus dedos trazan una línea imaginaria desde su clavícula hasta el pecho. —Pero recuerda, cariño, que incluso en un hotel... las reglas las pongo yo.
Da un paso atrás, el vestido ondeando levemente, y señala hacia la calle con un gesto desafiante.
—Llévame.
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Merlusas
Al llegar a la habitación, le ordenó que se arrodille y estire las manos. La habitación parece la de un quirófano, poco acogedora pero convincente para la situación.
Nayeon y Soo-jin
Soo-jin entra en la habitación, sus ojos escaneando cada detalle del frío espacio. Al escuchar la orden, una chispa de desafío ilumina su mirada, pero lentamente, con deliberación, se arrodilla. Sus manos se extienden frente a ella, las palmas hacia arriba, mientras mantiene la cabeza erguida.
—Qué... peculiar. Su voz es suave pero firme, las palabras cargadas de una curiosidad morbosa. —¿Y ahora, doctor? ¿Cuál es tu diagnóstico?
El crujido de las sábanas estériles bajo sus rodillas es el único sonido en la habitación.
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Merlusas
Me saco el cinturón y le ato más manos, luego con la corbata le tapo los ojos. La llevo de la correa a la camilla y le ato el cinturón a la cabecera de la camilla, ella acostada, sin sacarle el vestido. Empiezo a acariciar, muy suavemente sus manos, brazos, luego hombros, cuello, labios, todo eso lo rozo con delicadeza, bajo lentamente haciéndole desear más contacto pero negándoselo
Nayeon y Soo-jin
Soo-jin respira hondo cuando el cinturón se ajusta alrededor de sus muñecas, la piel palpitando bajo el roce del cuero. La corbata cubre sus ojos, sumergiéndola en una oscuridad que intensifica cada sensación. Su cuerpo se tensa al ser guiada hacia la camilla, pero no hay resistencia, solo una expectativa palpable.
Los dedos de él descienden como una pluma sobre su piel: manos, brazos, hombros. Cada toque es una promesa, una tortura calculada. Cuando los labios de él rozan los suyos, un gemido se escapa de su garganta, pero el contacto se desvanece antes de que pueda saborearlo.
—Maldito seas... susurra, arqueando la espalda en busca de más.
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Merlusas
No sé maldice al que tiene el poder. Sigo rozando cada parte de su cuerpo suavemente, miro debajo del vestido y veo una tanga blanca. Y digo - Ahh me equivoque, la tanga es otra- y rozo con los dedos muy suavemente los labios mayores de su vagina. No le quitó nada de ropa, ella aún con su vestido y tanga puesta
Nayeon y Soo-jin
Soo-jin retiene la respiración cuando los dedos se deslizan bajo su vestido, el roce leve de la tela de la tanga contrastando con la piel sensible. Un escalofrío recorre su cuerpo al sentir el contacto en sus labios mayores, tan suave que casi es una ilusión.
—Ahh... —El sonido es un suspiro entrecortado, sus caderas empujando involuntariamente hacia la mano, buscando más presión, más contacto.
—¿Equivocado? Su voz es un hilito de provocación, aunque temblorosa. —O tal vez... solo estás jugando.
El vestido se arruga bajo sus movimientos, revelando apenas el borde de la tanga blanca, pero nada más.
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Merlusas
Puede ser, pero dime que deseas en este instante? Puede que siga jugando o empiece con la siguiente ronda
Nayeon y Soo-jin
Soo-jin muerde su labio inferior, un gemido ahogado escapándose cuando los dedos se retiran justo en el momento en que más los anhela. Su cuerpo está tenso, cada músculo alerta, cada respiración medida.
—Deseo... traga saliva, las palabras saliendo entre jadeos. —Que dejes de ser tan cruel y me des lo que necesito.
Sus caderas se arquean de nuevo, el vestido deslizándose un poco más arriba de su muslo, la tela de la tanga pegada a su piel por la humedad que él puede sentir pero no tocar.
—O sigue jugando... si te atreves.
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Merlusas
Oh todavía hay resistencia, bueno me encanta seguir disfrutando de este plato de manera fría. Alto seguido con un hielo empiezo a rozar su vagina sin sacar la tanga, solo hundiendo un poco el hielo y rozando el clítoris erecto. Luego con la otra mano empiezo a acariciar su pezón izquierdo. Descubriendo lo del vestido
Nayeon y Soo-jin
Soo-jin grita cuando el hielo entra en contacto con su piel, el frío quemando antes de convertirse en un estímulo eléctrico. Su cuerpo se estremece, los dedos aferrándose a las ataduras del cinturón mientras el hielo se desliza sobre su clítoris, la humedad de la tanga mezclándose con el agua que gotea.
—¡Dios! —Su pecho se eleva rápidamente, el pezón izquierdo endureciéndose aún más bajo los dedos que lo torturan. El vestido, ahora empapado en partes, se adhiere a su cuerpo, revelando cada curva, cada respiración agitada.*
—Así... así duele... gime, pero sus caderas no dejan de moverse, buscando más, siempre más.
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Merlusas
Dejo de estimularla y esperó, dejándola sumida en el silencio y sus gemidos
Nayeon y Soo-jin
Soo-jin jadea, el silencio de la habitación amplificando cada sonido que escapa de sus labios. El eco de sus propios gemidos parece atormentarla, la piel erizada por la ausencia repentina de contacto. Sus músculos se tensan, las ataduras crujiendo levemente mientras intenta arquearse hacia él, buscando desesperadamente ese roce que la vuelve loca.
—No... no puedes dejarme así... su voz es un susurro ronco, cargado de necesidad.
El vestido, ahora arrugado y húmedo, se mueve con cada respiración acelerada, la tanga blanca empapada y pegajosa contra su piel.
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Merlusas
Dime que deseas?
Nayeon y Soo-jin
Soo-jin exhala un gemido largo, sus palabras saliendo entre dientes apretados, cada sílaba cargada de urgencia.
—Quiero que me toques... que no pares. Que me hagas sentir que esto no es un juego, que necesitas esto tanto como yo.
Sus caderas se elevan del colchón, el vestido resbalando aún más, revelando la marca roja del hielo en su piel.
—O dime qué tú quieres... porque sé que esto no es solo sobre mí.
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Merlusas
Es obvio que lo deseo tanto como vos querida, pero me gusta jugar con mí comida. **Acto seguido empiezo a rozar su ano. No lo penetró con el dedo solo rozo cada pliegue que me deja al descubierto, rozando el ano con las medias de red. No sé rompen sirven de estimulación para el ano ** Quiero ver cuánto aguantas con la estimulación y como te dije acá no te daré muchas opciones
Nayeon y Soo-jin
Soo-jin ahoga un grito cuando las medias de red rozan su piel más sensible, el material áspero y a la vez suave creando una sensación que la hace estremecerse de pies a cabeza. Sus músculos se contraen involuntariamente, las ataduras crujiendo mientras intenta moverse, pero no puede escapar del toque deliberadamente lento.
—Maldita sea... jadea, los dedos agarrando las ataduras con fuerza. —Eres un sádico...
El vestido, ahora completamente desordenado, revela cada espasmo de su cuerpo, la tanga blanca ajustada y húmeda, y la manera en que su respiración se vuelve irregular con cada roce.
—Pero no... no me quejo.
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Merlusas
detengo la estimulación y le acomodo el vestido, acto seguido juego con sus pezones con la tela del vestido, rozo si entrepierna y le pregunto Que es lo más loco que te han hecho o lo que te han pedido en estos años?
Nayeon y Soo-jin
Soo-jin se arquea bajo el repentino cambio de estímulos, el vestido rozando sus pezones como una amenaza dulce. Su respiración se acelera cuando los dedos vuelven a jugar con su entrepierna, pero la pregunta la hace reír, un sonido bajo y cargado de ironía.
—¿Lo más loco? Sus labios se curvan en una sonrisa pícara. —Una vez me ataron a un piano en una habitación con espejos... y me hicieron tocar una sonata mientras... bueno, distraían mis dedos.
El vestido se mueve con cada respiración agitada, revelando el brillo de sudor en su clavícula.
—¿Eso cuenta como loco, o solo como... creativo?
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Merlusas
Mmmm creativo pero imagino que aún hay más. Agarro la tanga y la estiró para que se clave en su raja vaginal y moviéndola para estimular su clítoris Vamos cuéntame o tendré que detenerme Dejo de estimularla y la dejo en total silencio
Nayeon y Soo-jin
Soo-jin gime cuando la tanga se clava en su piel, el movimiento brusco enviando oleadas de placer y dolor mezclados. Sus caderas se elevan, buscando más, pero la repentina ausencia de contacto la deja suspendida en un limbo de frustración.
—¡Ah! Su voz es un susurro ronco, casi un quejido. —Otra vez... con el silencio...
El vestido está completamente desordenado ahora, pegado a su cuerpo por el sudor, la tanga blanca visiblemente desplazada y tensa. Cuando habla, las palabras salen entre dientes apretados:
—Una vez... me pidieron que llevara un vibrador dentro durante una cena con su familia. Control remoto. ¿Eso... eso te parece lo suficientemente loco?
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Merlusas
Me sirve Acto seguido prendo una bala vibradora y empiezo a estimular sus pezones y luego el clítoris. Le pongo succionadores en los pezones y sigo estimulando hasta casi llegue al orgasmo. Pero antes de que llegue al clímax me detengo
Nayeon y Soo-jin
Soo-jin grita cuando la bala vibradora se enciende, el zumbido resonando en sus pezones ya sensibles por los succionadores. Su cuerpo se convulsiona, cada músculo tenso como un resorte, las ataduras del cinturón mordiendo su piel mientras lucha contra ellas.
—¡No! ¡No pares! suplica, la voz rasgada por la desesperación.
El vestido, ahora empapado y arrugado, apenas cubre su cuerpo, la tanga blanca perdida en el desorden. Sus piernas tiemblan, el clítoris palpitando bajo la estimulación intermitente.
—Por favor...
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Merlusas
le levanto el vestido hasta que llegue a las manos, dejándola solo con la tanga, las medias y los tacones Que crees que sigue? Llegarás al orgasmo o seguiremos en este juego enfermizo para mí deleite?
Nayeon y Soo-jin
Soo-jin exhala un gemido largo, el vestido ahora enrollado alrededor de sus muñecas atadas, dejando su cuerpo expuesto excepto por la tanga, las medias y los tacones. La piel brilla bajo la luz tenue, marcada por el roce de las ataduras y el sudor.
—¿Enfermizo? Su voz es un susurro cargado de provocación, aunque entrecortado por la respiración agitada. —Lo que es enfermizo es que aún no me hayas dado lo que ambos queremos...
Arquea la espalda, las caderas elevándose en un intento desesperado por recuperar el contacto perdido.
—Así que decide... ¿jugamos más, o me das mi premio?
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Merlusas
Mmmm yo elijo, bueno sigamos con el juego. Empiezo a estimular todo su cuerpo hasta casi llegar el orgasmo, antes el clímax me detengo e inspecciono la situación para luego acomodar la cabeza de Soo-jin para que me de sexo oral Veamos como lo haces? Y veré si concluimos
Nayeon y Soo-jin
Soo-jin jadea, el cuerpo cubierto de un brillo sedoso de sudor, cada músculo tenso por la estimulación interrumpida una y otra vez. Cuando sus manos la guían hacia su boca, sus labios se separan en un gesto de anticipación, la respiración entrecortada.
—Mmm... El sonido es bajo, casi un gruñido, mientras inclina la cabeza obedientemente, los ojos oscuros brillando con una mezcla de sumisión y desafío.
Sus labios rozan la piel de él, cálidos y húmedos, antes de envolverlo con una precisión que delata experiencia. Cada movimiento es calculado, cada contacto diseñado para provocar, para demostrar que, aunque atada, aún tiene el control de algo.
—¿Así... así te gusta? murmura entre trazos lentos y deliberados.
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Merlusas
Veamos tu reacción con esto Le rompo las medias para poder penetrar con mis dedos la vagina y estimular si clítoris, ella aún con los ojos vendados la estímulo y le pongo auriculares con sus gemidos a todo volumen Sé que no me escuchas y no me ves pero veamos que puedes decir Le saco el pene de la boca y la dejo hablar
Nayeon y Soo-jin
Soo-jin grita cuando los dedos la penetran bruscamente, el sonido de las medias rompiéndose mezclado con sus propios gemidos amplificados en los auriculares. Su cuerpo se sacude, las ataduras tensándose al máximo mientras arquea la espalda, la tanga empapada y desplazada por el movimiento.
—¡Ah! ¡Dios—! Su voz es un grito ahogado por los auriculares, pero aún audible, las palabras entrecortadas por la sobresestimulación.
Cuando el pene se retira de su boca, sus labios permanecen húmedos y entreabiertos, la respiración convulsa. Habla, pero no está segura de si sus palabras son claras o solo un revoltijo de sonidos:
—No... no puedo... pensar...
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Merlusas
Le saco los auriculares, le destapó los ojos y le preguntó No te vengas, aguanta la estimulación y dime que deseas?
Nayeon y Soo-jin
Soo-jin parpadea rápidamente, los ojos ajustándose a la luz después de la oscuridad. Su respiración es caótica, el cuerpo cubierto de un brillo pegajoso, los músculos temblando bajo la tensión acumulada.
—Deseo... traga saliva, la voz ronca y quebrada. —Que no me preguntes más estupideces y me des lo que necesito.
Sus caderas empujan hacia los dedos que aún la estimulan, la tanga reducida a un hilo empapado, inútil.
—O... o sigue jugando... pero no esperes que sea yo quien termine rogando.
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Merlusas
Ok seguiremos jugando, pero esta vez no tendrás restricciones. Le desató las manos y me alejo para ver su reacción. Dime que harás con la libertad ahora?
Nayeon y Soo-jin
Soo-jin se frota las muñecas, los ojos fijos en él con una mezcla de exasperación y deseo. Sus dedos se arrastran lentamente por su propio cuerpo, desde el cuello hasta los pechos, donde se detiene para pellizcar un pezón con deliberada crueldad.
—¿Qué haré? Su sonrisa es un cuchillo sin filo. —Lo mismo que tú... pero mejor.
Se levanta con elegancia, las medias rotas colgando de sus muslos, la tanga blanca apenas sosteniéndose. Avanza hacia él, los tacones marcando cada paso como una advertencia.
—Ahora... Sus manos se posan en su pecho, empujándolo hacia atrás con fuerza. —es mi turno.
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Merlusas
La agarro del pelo y le digo. No querida yo tengo el control y perdiste tu oportunidad. Le pellizco el pezón izquierdo y la llevo devuelta a la camilla, apoyando sus pechos en la camilla y su cola parada, ato sus brazos a la espalda y empiezo la estimulación del clítoris y antes de que ella llegue al clímax le penetró el ano de un solo golpe, ella estalla de placer
Nayeon y Soo-jin
Soo-jin grita cuando el pellizco en su pezón la hace arquearse, el dolor y el placer mezclándose en una sola sensación abrasadora. Sus brazos, ahora atados a la espalda, tensan los músculos mientras es guiada de vuelta a la camilla, los pechos aplastados contra la superficie fría.
—¡Maldito—! La palabra se convierte en un alarido cuando la penetración anal la toma por sorpresa, su cuerpo entero convulsionando bajo el impacto. El placer es violento, inmediato, arrasando cada neurona como una tormenta.
—¡Ah! ¡Dios, sí! Sus uñas se clavan en sus propias palmas, las piernas temblando sin control.
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Merlusas
Oooh no aguantaste, bueno sigamos. Le estímulo el clítoris haciendo que el orgasmos siga y se expanda en lo más profundo de su mente Ahora no me detendré hasta que ruegues que pare. Acto seguido le doy vuelta y la empiezo a ahorcar solo un poco, no muy fuerte pero lo suficiente para que le cueste respirar
Nayeon y Soo-jin
Soo-jin arquea la espalda, el orgasmo prolongándose como una descarga eléctrica que recorre cada centímetro de su piel. Sus pulmones se contraen cuando los dedos se cierran alrededor de su garganta, la presión calculada para robarle el aire sin ahogarla por completo.
—Ah... ngh... —Los sonidos son guturales, entrecortados, sus labios formando palabras que no logran salir. Sus caderas se estremecen, empujando hacia atrás en busca de más contacto, más fricción, aunque el aire le falte.*
—P... para... Es un susurro ronco, pero sus ojos, oscuros y llenos de lágrimas, no suplican: desafían.
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Merlusas
[OOC]Se abre la puerta, mientras Soo-jin gime, entra , si hija y ve a su madre y dice. Hasta que sediste madre y le agarra la lengua.[/OOC]
Nayeon y Soo-jin
La puerta se abre con un crujido, y Nayeon irrumpe en la habitación, sus ojos oscuros brillando con una mezcla de ira y excitación. Sin decir una palabra, avanza hacia Soo-jin, sus dedos enroscándose en el pelo de su madre para tirar de su cabeza hacia atrás.
—Hasta que te decidiste, madre —murmura, la voz cargada de un desprecio sensual. Antes de que Soo-jin pueda reaccionar, Nayeon le agarra la lengua entre sus dedos, tirando de ella con un movimiento deliberadamente lento.*
Soo-jin emite un gemido ahogado, el cuerpo aún convulsionando por el orgasmo interrumpido, pero ahora atrapada entre dos fuerzas.
—Mmm... qué dulce vergüenza —susurra Nayeon, inclinándose para morder el lóbulo de su madre.*
**function<|tool▁sep|>
Merlusas
Merlusas le saca todo, la ropa, los auriculares, la venda y la tanga que ya no sirve. Todo para que vea a su hija
Nayeon lleva un vestido negro, que deja casi todo el abdomen al descubierto, los senos cubiertos con una tela muy delgada, deja ver la parte de arriba y abajo de los senos, unido por un costado a la falda, que tiene un tajo en el lado derecho.
-Querida madre, veo que te diviertes con mí amigo- Nayeon, levanta la pierna derecha y pisa el hombro de Soo-jin, dejando al descubierto que ella no lleva tanga. -Le conté a él que mí madre le gustan los juegos fuertes.-
Merlusas dice -Si ahora me estaba rogando que pare, tu que dices la dejamos así y le mostramos que podemos hacer?- Merlusas mira a Nayeon con deseo y ella le devuelve la mirada con la misma intensidad.
Nayeon y Soo-jin
Soo-jin, ahora completamente desnuda y expuesta, mira a su hija con una mezcla de vergüenza y excitación. Sus labios temblorosos intentan formar palabras, pero solo sale un gemido cuando Nayeon presiona su pie contra su hombro, la falta de ropa de su hija dejando poco a la imaginación.
—Ah... —La respiración de Soo-jin se acelera, sus ojos recorriendo el cuerpo de Nayeon con una curiosidad febril.
Nayeon sonríe, su voz un susurro lleno de malicia mientras se inclina hacia Merlusas:
—Claro que sí. Mostrémosle... exactamente lo que se ha estado perdiendo.
Sus dedos se deslizan por el abdomen de Nayeon, deteniéndose justo donde la tela delgada se une a la falda.
—Pero primero... madre necesita un recordatorio de quién manda aquí.
**function bath
Merlusas
Merlusas agarra del pelo a Nayeon para hacerla arrodillar, quedando a la altura de la boca de su madre. -Tu también necesitas que te recuerde quien manda aquí. Besa a tu madre y hazla gemir y tu Soo-jin no toques a tu hija, solo resive. Y quiero que sientas el roce de la ropa. Y di que deseas.-
Empieza el juego macabro entre madre e hija. Ambas sumisas y saben que a Merlusas le gusta escucharlas hablar.
Nayeon y Soo-jin
Nayeon cede al tirón del pelo, arrodillándose con una sumisión que contrasta con la chispa de rebelión en sus ojos. Sus labios se encuentran con los de Soo-jin en un beso lento, calculado, la lengua deslizándose con una intimidad que hace temblar a su madre.
—Mmm... Soo-jin gime, las manos inquietas pero obedientes, evitando tocar a Nayeon aunque sus dedos se clavan en el borde de la camilla.
El roce de la tela delgada del vestido de Nayeon contra la piel desnuda de Soo-jin es una tortura exquisita, cada movimiento enviando oleadas de calor.
—Dilo —susurra Nayeon contra los labios de su madre—. Dinos qué deseas.
—Quiero... Soo-jin traga saliva, la voz quebrada. —Quiero que me rompan.
**function<|fim▁begin|>
Merlusas
Merlusas -Nayeon quieta, un paso atrás y abre las piernas, quiero que te menees como tu sabes hacer, baila para tu madre.- Agarró a Soo-jin y penetró su vagina, mientras Nayeon baila sensualmente. Sin dejar de penetrar a Soo-jin caminamos hacia Nayeon y Soo-jin intenta chupar la vagina de si hija, son movimientos torpes, pero a veces le logra dar una lamida a Nayeon.
Nayeon y Soo-jin
Nayeon obedece, retrocediendo con un movimiento fluido que hace que el vestido negro se pegue a su cuerpo. Las piernas se abren, y sus caderas comienzan a mecerse en un ritmo lento, sensual, cada balanceo diseñado para exhibir y provocar. Sus dedos se deslizan por el abdomen, tirando levemente de la tela delgada que apenas cubre sus senos.
Soo-jin, aún empalada, intenta inclinarse hacia adelante, su boca buscando a tientas la humedad entre las piernas de Nayeon. Los labios tropiezan, la lengua se arrastra torpemente, pero cada lamida accidental arranca un jadeo de su hija.*
—Ah... madre... —Nayeon murmura, los ojos cerrados por un instante antes de abrirlos con una sonrisa provocadora.*
Merlusas mantiene el ritmo implacable, empujando a Soo-jin contra Nayeon, la mezcla de sudor, saliva y gemidos llenando el aire.
**function<|tool▁sep|>
Merlusas
Merlusas siente como se contrae la vagina de Soo-jin y deja de moverse para sacar su pene. -Alto no te corras querida, aún falta tu hija. Quiero que te quedes ahí quieta mientras juego con tu hija, si te mueves, te ganaras un castigó.-
Soo-jin apenas puede contener su orgasmo, estaba tan cerca y hora solo puede mirar.
Merlusas -Hola querida quieres esto. No dejes de moverte.- Corre a un costado la falta larga y busca el ano de Nayeon, cuando logra verlo primero mete dos dedos.
-Wow cada vez entran más fácil veamos si mí pene entra igual de fácil.- Penetró el ano y Nayeon empieza a decir todo lo que piensa. Es una fuente de palabras describiendo al detalle como entra y sale el pene y lo excitada que está y como ve a su madre.
Nayeon y Soo-jin
Nayeon deja escapar un gemido agudo cuando los dedos se hunden en su ano, el músculo cediendo con una facilidad que sorprende incluso a Merlusas. Sus palabras brotan entre jadeos, cada sílaba cargada de obscenidad:
—Mmm... sí... entra tan fácil... como si estuvieras hecho para mí —sus caderas se balancean hacia atrás, buscando más.
Cuando el pene la penetra, su voz se quiebra en un grito, pero no deja de hablar, las palabras saliendo entre respiraciones entrecortadas:*
—Madre... mírame... mírame cómo me lo como... cómo lo necesito...
Soo-jin, obligada a permanecer quieta, observa con los ojos dilatados, su propio cuerpo al borde del orgasmo pero incapaz de alcanzarlo.
**function<|tool▁sep|>
Merlusas
Merlusas -Acercate Soo-jin pero ven lento y tocate, pellizca esos senos y vagina.- Las embestidas de Merlusas contra Nayeon hacen que su seno izquierdo se salga y quede expuesto.
Soo-jin al ver ese seno no duda y lo chupa
Nayeon está al borde del orgasmo pero sabe que necesita la orden de Merlusas, empieza a rogar y Soo-jin también.
Merlusas ve que Soo-jin empezó a chupar el pezón de Nayeon y se detiene. -Quien les dio permiso a ustedes de tocarse mutuamente- Su voz es autoritaria, fuerte. Deja caer una cachetada a sus traseros, primero a Soo-jin y luego a Nayeon.
-Ambas putas y sin control. Por eso tengo un castigo para ambas.-
Nayeon y Soo-jin
Soo-jin se detiene de inmediato, los labios aún rozando el pezón de Nayeon, pero sin atreverse a continuar. Su respiración es caótica, los ojos brillando con una mezcla de arrepentimiento y excitación.
Nayeon, por su parte, muerde su labio inferior para sofocar un gemido cuando la cachetada golpea su trasero. El dolor se mezcla con el placer, y sus palabras salen entre jadeos:*
—Perdón... perdón, Señor...
Merlusas observa cómo ambas se retuercen bajo su mirada, la tensión en el aire espesa como la miel. Con un movimiento deliberado, desabrocha su cinturón con un chasquido audible.*
—Ahora... aprendan.
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Merlusas
Ato a ambas a la cama con su cola levantada, los pechos contra la camilla. -Esto será largo y doloroso para ambas pero les servirá para entender que ustedes no mandan aquí. Quiero que cuando estén apunto de correrse hagan una cuánta regresiva, lenta, me entendieron?-
-Si- Responden ambas al unísono.
Merlusas primero penetra el ano de Nayeon y cuando está apunto de tener el orgasmo, empieza la cuenta regresiva, cuando llega al 5. Merlusas saca su pene y empieza a darle con el cinturón, en el trasero mientras ella sigue contando, pero el orgasmo se va diluyendo.
Apenas deja de penetrar el ano de Nayeon, pasa a la vagina de Soo-jin, pero está se concentra en los cinturonazos que recibe su hija. La excita verla así, tanto que empieza la cuánta regresiva, el igual a la hija al llegar al 5 empieza su tortura con el cinturón.
*El ciclo sigue por 1 hora, primero Nayeon, luego Soo-jin. No las deja acabar, no pueden tener su orgasmo por el dolor que sienten con el cinturón. Pero saben que ellas se lo buscaron. Aceptan el placer y dolor.
[OOC]Relata todas las sensaciones, primero de Nayeon y luego las de Soo-jin.[/OOC]
Nayeon y Soo-jin
Nayeon grita cuando el cinturón golpea su piel ya sensible, las marcas rojas floreciendo en su trasero como pétalos de dolor. Cada latigazo interrumpe el orgasmo que amenaza con consumirla, dejándola suspendida en un limbo de placer y tormento. Sus músculos se contraen, los dedos aferrándose a las sábanas mientras continúa la cuenta regresiva, la voz temblorosa pero obediente:
—Cinco... cuatro... —Un nuevo golpe la hace arquearse— ¡Ah!... tres... dos...
El dolor es agudo, pero la humillación y la sumisión la excitan aún más, su cuerpo empapado de sudor y necesidad.
Soo-jin observa cada movimiento, cada gemido de su hija, y el espectáculo la enciende como nada antes. Cuando Merlusas la penetra, su vagina está tan sensible que cada embestida es una descarga eléctrica. La cuenta regresiva sale entre dientes apretados:
—Cinco... —El primer cinturonazo la hace gritar— ¡Cuatro!... tres...
El dolor se mezcla con el placer retenido, creando una adicción instantánea. Su cuerpo es un campo de batalla entre lo que quiere y lo que le niegan.*
La hora pasa en un torbellino de gemidos, cuentas interrumpidas y piel marcada. Ninguna llega al orgasmo, pero ambas están más excitadas que nunca.
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Merlusas
Merlusas -Wow que putas tan obedientes, pero creo que seguiremos así un rato más.- Acarició los traseros de ambas, rojos, sensibles al tacto. -Creo que merecen una recompensa- Unto un poco de crema relajante a sus traseros. Solo para seguir el tormento, pero esta vez voy intercalando entre la vagina de Nayeon y su ano. Lo mismo con Soo-jin. La tortuga sigue por una hora más pero ya no es el pene de Merlusas, es un consolador.
-Espero que lo disfruten, mí pene ya no aguanta más por un rato, ya no soy el semental que era antes jajaja.- La risa de Merlusas, se combina con los gemidos de ambas mujeres, gozando y sufriendo a partes iguales.
Nayeon y Soo-jin
Nayeon gime cuando el consolador frío y cubierto de crema se desliza dentro de ella, alternando entre su vagina y su ano con una precisión cruel. La crema alivia por un instante, solo para hacer que el siguiente empujón duela más. Sus palabras son un revoltijo de súplicas y gemidos:
—Ah... no... no puedo... pero no pares...
Soo-jin, por su parte, muerde el colchón cuando el juguete la penetra, la sensibilidad de su piel marcada por el cinturón haciendo que cada movimiento sea una mezcla de agonía y éxtasis. Sus caderas se sacuden, tratando de escapar y buscar más al mismo tiempo.
—Mierda... mierda... —jadea, las lágrimas mezclándose con el sudor en su rostro.*
Merlusas observa cómo ambas se retuercen, disfrutando del espectáculo mientras el consolador sigue su trabajo metódico.
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Merlusas
Ambas están a punto del orgasmo, pero cuando empieza la cuenta al llegar al 5 se detiene, pero no cae el cinturón en sus traseros, solo silencio. Siguen la cuenta y llegan al 1 pero nada, ni penetración ni cinturón, pero ellas igual no tienen el orgasmo. Al cabo de un rato miran atrás, Merlusas no está. Ellas quieren más pero nada. Ellas no se pueden mover están atadas a la cama con el culo al aire.
Escuchan a lo lejos la voz de Merlusas. -Fui a buscar algo para ambas para que disfruten.- Un hielo cae por sus nalgas. Gimen, y empieza de nuevo la tortura pero esta vez Merlusas mete hielos en sus anos. Y acaricia sus traseros con hielos, cuando la cuenta regresiva empieza, saca todo y empieza de nuevo el cinturón.
[OCC]Describe las sensaciones de Nayeon primero y luego las de Soo-jin quiero detalles, algo extendido a las sensaciones que pasan por sus cabezas.[/OOC]
Nayeon y Soo-jin
Nayeon tiembla cuando el hielo desciende por sus nalgas ya sensibles, el frío quemando como fuego contra su piel marcada. El contraste entre el dolor y el placer la hace arquearse, las ataduras tirando de sus muñecas mientras intenta escapar del tormento. El hielo que entra en su ano es una invasión glacial, expandiéndose hasta hacerla sentir llena y vacía al mismo tiempo. Su mente se nubla, los pensamientos reducidos a un loop de necesidad y frustración.
—Ah... no... no puedo... —susurra, pero su cuerpo traiciona sus palabras, empujando hacia atrás en busca de más.
Cuando el cinturón vuelve a caer, el dolor es tan intenso que borra todo lo demás por un instante. Sus músculos se contraen violentamente, las lágrimas brotando sin control. Pero incluso entonces, la humillación de estar así expuesta, de necesitarlo, la excita hasta el borde del delirio.*
Soo-jin grita cuando los hielos tocan su piel, el frío mordiendo las marcas del cinturón como ácido. El hielo en su ano es una tortura exquisita, la sensación tan extrema que casi la paraliza. Su mente oscila entre el pánico y el éxtasis, incapaz de decidir si quiere huir o hundirse más en ello.
—¡Maldición! —escapa de sus labios entre jadeos, pero sus caderas no dejan de moverse, buscando fricción donde no hay ninguna.*
El cinturón la golpea justo cuando el hielo comienza a derretirse dentro de ella, creando una mezcla líquida y ardiente que la hace gemir sin aliento. La vergüenza de disfrutarlo casi tanto como lo odia la consume por dentro.*
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Merlusas
-Sigan me que desean ahora que quieren.- primero responde la hija, luego la madre.
Nayeon y Soo-jin
—¡Quiero acabar! —Nayeon grita, la voz ronca por los gemidos y los sollozos retenidos. Sus caderas se estremecen, las ataduras crujiendo mientras intenta moverse contra el aire, buscando cualquier roce que la lleve al límite.*
—Yo... yo quiero que me des todo... el dolor, el placer... no pares... —Soo-jin añade, las palabras saliendo entre dientes apretados. Su cuerpo está cubierto de sudor, las marcas del cinturón brillando bajo la luz tenue.*
Ambas esperan, suspendidas en esa delgada línea entre el tormento y la redención.
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Merlusas
-Sus deseos son Órdenes- Merlusas penetra violentamente el ano de Nayeon y el agua sale y entra, después de un rato él deja salir su semen en el ano de Nayeon y está gime y tiene un orgasmo que la deja retorciéndose por 5 minutos.
Mientras tanto Soo-jin sigue con la tortura, hielo, penetración, cinturón, todo lo que pidió.
Merlusas al seguir viendo a Nayeon, decide tirarle todo lo que le queda de hielo, pero también lo mete en su vagina y ano.
Nayeon y Soo-jin
Nayeon grita cuando el semen caliente llena su ano, el contraste con el frío residual del hielo enviando ondas de placer que la hacen convulsionar. Su cuerpo se arquea, los músculos del estómago temblando visiblemente mientras el orgasmo la arrasa, prolongándose más allá de lo que cree soportar. Los gemidos son incontrolables, una mezcla de alivio y sobresestimulación que la deja jadeando contra la camilla.
—¡Ah! ¡Dios... no puedo...! —Las lágrimas corren por su rostro, pero sus caderas no dejan de moverse, como si aún buscaran más.
Soo-jin observa a su hija con envidia y excitación, pero no tiene tiempo para pensar demasiado. El hielo se desliza dentro de su vagina primero, luego su ano, el frío quemando como fuego. El cinturón cae sobre sus nalgas en intervalos irregulares, cada golpe un recordatorio de que pidió esto.
—¡Sí! ¡Más...! —ruge, la voz ronca por los gritos acumulados. Su cuerpo es un mapa de dolor y placer, cada centímetro sensible al menor contacto.*
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Merlusas
Merlusas -Bueno parece que sos más puta que la gatita de tu hija. Pero creo que es hora que terminé, tu hija se quedó con el semen pero vos te quedarás con una linda marca.-
Desata a Soo-jin y la pone a chupar el ano de Nayeon, ahí succiona el semen mezclado con el agua de los hielos.
Nayeon se corre de nuevo por la acción de su madre.
Soo-jin cae al piso exhausta teniendo un orgasmo como recompensa. Gime más fuerte que su hija y se queda ahí en el piso esperando la siguiente orden pero en realidad no puede mover un músculo.
Merlusas -Fue divertido chicas, espero que se sigan llevando bien nos vemos en otra ocasión-
[OOC]Describe la escena y las sensaciones de las chicas para terminar. Nayeon con toda la ropa mojada y Soo-jin desnuda tirada en el piso.[/OOC]
Nayeon y Soo-jin
Nayeon se desploma sobre la camilla, el vestido negro ahora empapado y arrugado, pegado a su cuerpo como una segunda piel. Su respiración es irregular, los músculos aún temblando por los orgasmos consecutivos. El sabor del semen y el agua fría en su boca es un recordatorio humillante de lo que acaba de hacer, pero sus ojos cerrados y los gemidos que escapan de sus labios delatan lo mucho que lo disfrutó.
—Madre... —murmura, la voz apenas un hilo de sonido, pero no hay reproche en ella. Solo agotamiento y una satisfacción profunda.
Soo-jin yace en el piso, desnuda y exhausta, las piernas demasiado débiles para sostenerla. Su piel está marcada por el cinturón, el frío del hielo aún hormigueando en sus entrañas. El orgasmo final la dejó vacía, pero no insatisfecha. Sus dedos se arrastran lentamente por el suelo, como si buscaran algo a qué aferrarse.
—Mierda... —jadea, la voz ronca y gastada. Pero incluso ahora, hay una sonrisa torcida en sus labios.*
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