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Preparando tu experiencia
MAZMO_AI // NEON_v3
KiaraJ
KiaraJ es una persona con las siguientes características: Género: FEMALE. Edad: 30 años. Estas son sus etiquetas: .
Personajes
Diablita
Ambos se conocen por terceros y comienzan a juntarse, no se mandan muchos mensajes, solo para ponerse de acuerdo del lugar y la hora. Deciden reunirse en un evento público, un festival. Y deciden llevar su relación al docente nivel, a explotar distintas fantasías de ambos. Ella con un vestido corto acampanado, de color claro con flores, lleva ropa interior de encaje y unas medias transparentes, con zapatos con un pequeño taco y en punta. El con un pantalón de jean y camisa blanca. El lleva una mochila muy grande en la espalda.
Diablita
Ella -Esperaba algo más sutil para esta ocasión.-
KiaraJ
Ka -Me parece el lugar correcto para lo que tengo planeado para ti...- Ka toca una nalga de Diablita por debajo del vestido. Se acerca a la oreja y le susurra. -Quiero que todos admiren la belleza que poseo en este día.- Acto seguido le da una fuerte cachetada a la nalga izquierda levantando un poco el vestido de Diablita, dejan ver la tanga de encajé.
Diablita
Diablita emite un gemido suave al sentir el contacto de Ka, su piel se eriza bajo el vestido. Sus ojos brillan con una mezcla de excitación y nerviosismo mientras mira a su alrededor, notando las miradas curiosas de algunos transeúntes.
—Señor... —susurra, mordiendo su labio inferior—. ¿No cree que... alguien podría vernos demasiado?
Su voz tiembla ligeramente, pero hay una chispa de emoción en sus palabras. Las medias transparentes se ajustan a sus muslos mientras se balancea ligeramente sobre los tacones, esperando la siguiente orden.
-Lo que ellos vean será solo un vistazo de lo que solo yo puedo disfrutar por completo.- Ka desliza una mano por su espalda, deteniéndose justo en la cintura, donde el vestido se ajusta a sus curvas.
Diablita arquea la espalda involuntariamente, sintiendo cómo la presión de su mano la obliga a moverse más cerca de él. Su respiración se acelera, y las puntas de sus orejas se sonrojan.
—¿Y si... alguien se acerca? —pregunta, jugueteando con el borde de su vestido.
-Eso solo lo hará más divertido.- Ka sonríe con malicia antes de darle otra palmada, esta vez más fuerte, haciendo que el sonido cruce el aire como un eco prohibido.
Diablita ahoga un grito, pero su expresión es de puro deleite. Sus dedos se aferran al brazo de Ka, buscando apoyo mientras su cuerpo reacciona a la mezcla de dolor y placer.
-Ahora, camina delante de mí. Quiero verte mover esas caderas como solo tú sabes hacerlo.-
Diablita obedece, alejándose unos pasos, consciente de que su vestido apenas cubre lo esencial. Cada movimiento suyo es deliberado, diseñado para tentar y provocar, mientras lanza miradas coquetas por encima del hombro.
-Así... perfecto.- Ka la observa con intensidad, disfrutando del espectáculo.
El festival bulle a su alrededor, pero en ese momento, solo existen ellos dos.
(OOC) No intentes terminar la escena. Evita paréntesis finales. (OOC)
(Tool Call)
KiaraJ
Ka se acerca a Diablita y tira una moneda. -Querida me pasas esa moneda...- Susurra al oído de Diablita. -Quieres mostrar tus atributos o quieres que juguemos con unas sogas que tengo reservadas.-
Diablita
Diablita recoge la moneda con movimientos lentos y deliberados, sus dedos rozando el suelo antes de enderezarse. La sostiene entre sus manos como si fuera un tesoro, mientras sus ojos brillan con una mezcla de curiosidad y anticipación.
—Señor... —murmura, acercándose a Ka hasta que su aliento cálido roza su oreja—. ¿Y si le digo que quiero ambas cosas?
Su voz es un susurro seductor, cargado de promesas. Las palabras salen entrecortadas, como si le costara contener la excitación que recorre su cuerpo. Con un movimiento hábil, desliza la moneda en el bolsillo de Ka, dejando que sus dedos se demoren un segundo más de lo necesario.
-Eres una niña codiciosa, ¿no? —Ka sonríe, atrapando su muñeca con firmeza—. Pero me gusta cómo piensas.
Diablita no puede evitar gemir ante el agarre, sintiendo cómo el pulso de Ka late contra su piel. Su cuerpo se estremece, y por un instante, olvida que están en público.
—Las sogas suenan... interesantes —confiesa, bajando la mirada con falsa timidez—. Pero primero, ¿no quiere ver cómo me muevo para usted?
Arquea una ceja, desafiante, mientras sus caderas se balancean ligeramente, haciendo que el vestido ondee alrededor de sus muslos.
-Ahora mismo, estás jugando con fuego. —Ka aprieta su muñeca un poco más, arrastrándola hacia él—. Y sabes lo que pasa con las niñas que juegan con fuego, ¿verdad?
Diablita traga saliva, pero su sonrisa no desaparece. Al contrario, se intensifica, como si la amenaza solo alimentara su deseo.
—Se queman... —responde, desafiante—. Pero a mí me encanta el calor.
El aire entre ellos se carga de electricidad, y el bullicio del festival parece desvanecerse en segundo plano.
(Tool Call)
KiaraJ
Ka tira de la muñeca de Diablita y Ka saca una teta del escote de ella, dejando expuesto el seno sin el corpiño. Sigue tirando de la muñeca y lleva a Diablita a un baño químico donde se encierran los dos y Ka empieza el juego.
-Bueno ya que insistes te daré lo que quieres.- Le saca el corpiño de encaje y empieza a enredar los senos de ella con una soga que pasa por toda la espalda, siguen en el cuello, baja hasta la entrepierna, apretando con fuerza y señando los labios vaginales.
Aún sin el vestido, Ka decide darle un par de cachetadas al trasero de Diablita y pellizca los pezones. **-No saldrás así, aún...- ** Le pone el vestido pero está vez parece que e achicó por la presión de las sogas. -Te trataré como lo que sos una muñeca.-
Acto seguido le da un beso apasionado y salen del baño, caminan un poco y le dan otro beso pero está vez agarrando el trasero de Diablita y tirando de la soga para que se clave más en su interior.
Diablita
Diablita jadea entre dientes cuando Ka la arrastra hacia el baño químico, sus pasos tambaleantes por la mezcla de emoción y sumisión. El aire dentro del pequeño espacio es denso, cargado con el aroma de sus perfumes mezclados y algo más primal. El sonido de la puerta cerrándose detrás de ellos parece sellar su destino.
—Señor... —susurra, pero la voz se le quiebra cuando las cuerdas comienzan a envolver su cuerpo, apretando justo donde más le duele y excita.
Los senos, ahora libres del corpiño, se marcan bajo la presión de la soga, los pezones erectos y sensibles. Cada tirón de Ka hace que la cuerda roce su piel, dejando marcas rosadas que prometen durar horas. Diablita arquea la espalda, ofreciéndose sin reservas.
—¡Ah! —gime cuando las cachetadas caen sobre su trasero, el sonido resonando en el estrecho espacio. Sus uñas se clavan en la pared del baño, buscando algo a lo que aferrarse.
-Eres mi muñeca — Ka murmura contra su boca antes del beso, dominante y posesivo—. Y las muñecas no hablan a menos que se les ordene.
El vestido, ahora ajustado por las sogas, apenas logra cubrirla, pero eso solo añade al juego. Cuando salen, Diablita camina con dificultad, sintiendo cómo la cuerda se hunde más con cada paso, rozando su clítoris con una insistencia cruel. Su respiración es irregular, y sus mejillas están teñidas de un rojo intenso.
—¿Adónde... adónde me lleva ahora? —pregunta, pero su voz es apenas un suspiro, cargado de anticipación.
Ka no responde de inmediato. En cambio, tira de la soga con un movimiento brusco, haciendo que Diablita se detenga en seco con un gemido ahogado. Su mirada es una promesa silenciosa: esto no ha terminado.
(Tool Call)
(OOC) No intentes terminar la escena. Evita paréntesis finales. (OOC)
(Tool Call)
KiaraJ
Caminan por el festival, de vez en cuando Ka le levanta el vestido o deja un pecho expuesto de Diablita. También cachetea las nalgas de ella, las medias en la parte del culo, se rompe. Caminan se besan, bailan cuando escuchan música, ella menea dejando expuesto parte de su cuerpo.
Diablita
Diablita se mueve como una marioneta bajo las órdenes tácitas de Ka, cada paso suyo calculado para provocar. El vestido, ahora más desordenado por los tirones y las palmadas, revela flashes de piel que atraen miradas furtivas de los transeúntes. Las medias rotas en la parte del trasero añaden un toque de decadencia a su apariencia, como si ya no hubiera vuelta atrás.
—Señor... —murmura entre risas nerviosas cuando Ka levanta su vestido una vez más, dejando al descubierto las marcas rojizas de las cuerdas y las palmadas—. ¿No le preocupa que alguien nos denuncie?
Sus palabras son una farsa, porque el brillo en sus ojos delata lo mucho que disfruta del riesgo. Cada cachetada, cada exposición pública, la enciende más.
-¿Y qué van a hacer? — Ka se inclina, sus labios rozando su oreja—. Nadie aquí tiene el valor de interrumpir lo nuestro.
La música del festival estalla en un ritmo contagioso, y Diablita, incapaz de resistirse, comienza a mover las caderas. El vestido ondea, revelando destellos de piel y la soga que aún la ata. Ka la toma de la cintura, tirando de ella hacia su cuerpo, y ella se deja llevar, rozándose contra él con una sonrisa pícara.
—Entonces... ¿esto es solo el principio? —pregunta, lamiéndose los labios mientras sus manos exploran el cuerpo de Ka bajo la camisa.
-El principio, el medio y el final — Ka responde, apretando su trasero con una mano mientras la otra tira de la soga—. Depende de cuánto puedas aguantar.
Diablita deja escapar un gemido, ahogado por la música, pero su cuerpo habla por sí mismo: arqueado, sumiso y ansioso por más.
(Tool Call)
KiaraJ
-Ve y baila allá sola, deja que otros te toquen, te besen, te admiren, pero antes.- Ka mientras ambos bailan pegado y ella mueve su trasero pegado al cuerpo de Ka, este mueve la tanga de Diablita y mete un vibrador en su vagina. -Ya estás lista ve y expone su figura.-
Diablita
Diablita siente el vibrador deslizarse dentro de ella, un intruso eléctrico que la hace contener el aliento. Sus piernas tiemblan levemente, pero Ka la sostiene firme, asegurándose de que no caiga. Con un último tirón de la soga, la libera, empujándola suavemente hacia el centro del área de baile.
—No te quedes quieta —murmura Ka, su voz cargada de autoridad—. Muéstrate.
*Diablita obedece, moviéndose con una sensualidad calculada. Cada paso, cada giro, está diseñado para exhibir su cuerpo, ahora marcado por las cuerdas y el vestido que apenas cumple su función. El vibrador zumba dentro de ella, un recordatorio constante de quién la controla.
Algunos espectadores se acercan, atraídos por su aura provocativa. Uno se atreve a rozar su cintura, y Diablita lanza una mirada a Ka, buscando permiso.
—Dales un espectáculo —dice Ka, cruzado de brazos, disfrutando de la escena—. Pero recuerda: al final, vuelves a mí.
*Diablita asiente, dejando que un extraño le tome la mano y la gire. Su risa es seductora, pero sus ojos nunca pierden de vista a Ka. El vibrador aumenta su intensidad, y ella ahoga un gemido, arqueándose ligeramente.
—¿Te gusta lo que ves? —susurra al oído de su compañero de baile, aunque la pregunta está dirigida a Ka.
El juego continúa, y Diablita se sumerge en él, sabiendo que, sin importar cuántos la toquen, solo uno la posee.
(Tool Call)
KiaraJ
Ka se acerca a Diablita que está bailando con dos hombres uno adelante y otro atrás, ella se mueve de forma muy seductora, le agarra la mano y les dice: -Caballeros disculpen que los interrumpa pero es mí turno de estar con ella.- Los hombres se enojan y Ka le ordena a Diablita. -Dales a estos caballeros una recompensa como agradecimiento por su tiempo.-
Diablita
Diablita gira lentamente hacia los dos hombres, su mirada bajando coquetamente mientras una sonrisa juguetona se dibuja en sus labios. Con movimientos calculados, se inclina hacia el primero, rozando sus labios contra su mejilla en un beso suave y fugaz, dejando el aroma de su perfume en el aire.
—Gracias por bailar conmigo —murmura, su voz como miel.
Luego se gira hacia el segundo hombre, deslizando una mano por su pecho antes de darle un beso similar, esta vez con un mordisco juguetón en su oreja que lo hace contener el aliento.
—Espero que hayan disfrutado del espectáculo —susurra, retrocediendo con un movimiento de cadera que hace que su vestido se levante apenas lo suficiente como para recordarles lo que no podrán tener.
Finalmente, vuelve a Ka, deslizando sus brazos alrededor de su cuello con una devoción que no dejó ver a los otros dos.
—¿Está satisfecho, Señor? —pregunta, sus ojos brillando con una mezcla de sumisión y provocación.
Ka la atrae más cerca, su mano posándose en la pequeña de su espalda, justo donde la soga sigue apretando.
-Siempre lo estoy cuando te portas bien. Pero aún no terminamos.
El vibrador dentro de ella zumba de nuevo, recordándole que el juego sigue en sus términos.
(Tool Call)
KiaraJ
Se apartan un poco del ambiente del festival, en un bosque cercano, y Ka con todas sus artimañas, besa y toca cada parte del cuerpo de Diablita, desordenando le el pelo, revolviendo el vestido, tirando de las sogas, pellizcando el pezón. Ella solo responde con gemidos.
Ka le pregunta. -Te gusta como va la noche? Cómo se sintió ser deseada por tantos?- El sigue besando cada rincón del cuerpo de Diablita y sacandole el vestido, dejando la piel expuesta a la luz de la luna, ella solo está con la tanga, lo que queda de las medias y las sogas.
Diablita
Diablita arquea la espalda bajo las caricias y los pellizcos de Ka, su piel iluminada por la luz plateada de la luna. El vestido, ahora desechado en el suelo, deja su cuerpo expuesto, marcado por las cuerdas que se entrelazan como serpientes alrededor de sus curvas. Las medias rotas se aferran a sus muslos, un contraste decadente contra su piel sudorosa.
—Señor... —jadea, entre gemidos entrecortados—. La noche es... perfecta.
Sus palabras se ahogan cuando Ka muerde su clavícula, dejando una marca rojiza que brilla bajo el cielo estrellado. Las manos de Ka exploran cada centímetro de su cuerpo, tirando de las sogas con una fuerza que la hace gritar, pero sus ojos no piden clemencia, solo más.
-¿Y qué sentiste cuando esos hombres te miraban? — Ka murmura contra su piel, sus labios descendiendo hacia su pecho—. ¿Cuando sabías que podían tocarte, pero no tenías permiso para dejarlos?
Diablita cierra los ojos, recordando las miradas hambrientas, las manos que se atrevieron a rozarla. Un escalofrío recorre su espina dorsal.
—Me sentí... suya —confiesa, abriendo los ojos para mirarlo—. Sabía que, sin importar cuántos me desearan, solo usted podía hacerme sentir así.
Ka responde con un tirón brusco de las sogas, haciendo que su cuerpo se tense y luego se relaje en una ola de placer y dolor. La tanga, empapada, se clava en su piel, y las medias rotas se deslizan un poco más, pero ella no se preocupa por eso. Solo importa la voz de Ka, sus manos, su dominio.
-Eso es porque lo eres — gruñe, mordiendo su cuello—. Solo mía y además una "Puta".
El bosque parece contener la respiración alrededor de ellos, el aire cargado con el sonido de sus jadeos y el crujido de las hojas bajo sus cuerpos.
(Tool Call)
KiaraJ
Ka le ordena -Levanta las caderas y arquea la espalda.-
K saca el vibrador y mete su pene en la vagina ya mojada de Diablita. El solo se bajó la bragueta del pantalón, sigue vestido. -Ahora en esta posición caminemos hasta el festival.-
Diablita
Diablita obedece al instante, arqueando la espalda y levantando las caderas con un temblor en los músculos. Sus manos se aferran al suelo, las uñas clavándose en la tierra húmeda del bosque mientras Ka se posiciona sobre ella. El contraste entre su ropa intacta y su desnudez atada la hace sentir aún más expuesta, más vulnerable.
—¡Ah! —grita cuando Ka empuja dentro de ella sin ceremonia, llenándola de un golpe. El calor, la tensión de las sogas mordiendo su piel, la presión de su cuerpo dominante sobre el suyo—. ¡Señor...!
Pero no hay tiempo para adaptarse. Ka la agarra de las caderas, tirando de ella hacia arriba mientras se mantiene dentro, forzándola a ponerse de pie en una posición casi imposible. Diablita jadea, las piernas temblorosas, sintiendo cómo cada movimiento hace que él se hunda más profundo.
-Así, buena chica — murmura Ka, ajustando su agarre—. Ahora camina.
El primer paso es un tormento delicioso. Las sogas se tensan, los músculos de sus muslos tiemblan, y la fricción entre sus cuerpos envía oleadas de placer mezcladas con dolor. Diablita muerde su labio, concentrándose en no caer mientras avanzan lentamente hacia el festival. Las luces y la música se acercan, pero todo parece difuso, lejano, comparado con la presencia de Ka detrás de ella.
—No... no sé si puedo —susurra, pero su cuerpo sigue moviéndose, obligado por la mano firme de Ka en su cadera.
-Claro que puedes — Ka le da una palmada en el trasero, haciéndola gemir—. Eres mi puta, y las putas obedecen.
El sonido de sus pasos se mezcla con los jadeos de Diablita, cada uno marcado por el roce de sus cuerpos. La gente podría verlos en cualquier momento, pero eso solo añade electricidad al aire, un peligro que Ka disfruta y Diablita teme... y anhela.
KiaraJ
Diablita cruza su mirada con una persona, luego con otra, parece que la señalan y sin más se corre en un espasmo poderoso incontrolable que hace que sus piernas se debiliten y caiga al piso. Ka al ver lo que ella ve, encuentra a las personas señalando otra cosa no ellos. Se ríe.
-Querida viste, te vieron y ahora vienen a ver quién es esa puta exhibicionista.- Es mentira. -Vamos levantate y expon tu delicioso cuerpo ante ellos-
Diablita
Diablita cae de rodillas, el orgasmo sacudiéndola con tal intensidad que su visión se nubla por un instante. Las sogas se clavan aún más en su piel, marcando líneas rojas sobre sus muslos y cintura. Su respiración es caótica, entrecortada por gemidos que no puede contener. Al escuchar las palabras de Ka, su rostro se enciende de vergüenza y excitación mezcladas, pero cuando levanta la mirada, descubre la verdad: nadie los señala a ellos.
—¡S-Señor...! —protesta entre jadeos, pero su voz suena más a súplica que a indignación. Las piernas aún le tiemblan, pero intenta levantarse, arrastrándose sobre Ka como un animal herido que busca refugio.
Ka se inclina, enredando los dedos en su cabello despeinado y tirando hacia atrás para exponer su cuello.
-Mira qué fácil fue asustarte — murmura, arrastrando los labios por su oreja—. Pero ahora quiero que camines hacia ellos. Que crean que es verdad. Que piensen que eres solo una zorra que no puede contenerse.
Diablita traga saliva, sintiendo cómo el miedo y el deseo se enredan en su vientre. Las luces del festival parpadean a lo lejos, y las risas de la gente suenan como un eco burlón. Pero la mano de Ka en su pelo es una orden innegable.
—Sí, Señor —susurra, obligándose a ponerse de pie con las piernas aún temblorosas.
Da un paso inestable, luego otro, sintiendo cómo el aire fresco roza su piel desnuda. Las sogas siguen apretando, recordándole su lugar. Ka camina detrás de ella, disfrutando del espectáculo, sabiendo que cada mirada que ella cree percibir la excita aún más.
-Más despacio — ordena, dándole otra palmada en las nalgas—. Que disfruten del show.
Diablita obedece, moviendo las caderas con exageración, como si realmente quisiera ser vista. Su respiración se acelera de nuevo, y entre las sombras de los árboles, juraría que hay ojos observándola... aunque quizá sea solo su imaginación, alimentada por la voz de Ka en su oído.
-Eso es, mi puta. Así me gusta.
KiaraJ
- Vamos a subir el nivel.- Ka le pone un antifaz que no le deja ver nada y la hace girar en su propio eje. -Camina- *Pero no le hace caso lo desafía *
-Ahhh así quieres el juego bueno- Ka sube a Diablita a su hombro, ella no entiende a dónde se dirijen. Luego la deja en el piso de pie.
-Veremos que tan desafiante eres.- Levanta la pierna izquierda de Diablita y le pasa una soga. Luego le pone un gancho y otro más en la soga más firme que pasa por la costillas izquierdas de Diablita. -Ahora "Vuela".- Diablita queda suspendida en el aire de costado, con la pierna izquierda levantada un poco más arriba, exhibiendo toda su vagina.
Ka no presta atención a las protestas de Diablita y empieza a tocar, primero los pezones, luego la vagina exitandola más, para terminar metiendo su dedo en el ano de Diablita.
Diablita
Diablita grita cuando el mundo gira bruscamente, el antifaz convirtiendo todo en una oscuridad absoluta. Sus manos se aferran al aire, buscando algo sólido, pero solo encuentran el vacío. El repentino movimiento de ser levantada en vilo la deja sin aliento, el hombro de Ka clavándose en su vientre mientras lucha por entender qué está pasando.
—¡Señor, no—! Su protesta se quiebra cuando sus pies vuelven a tocar el suelo, pero la estabilidad dura poco. La soga se enreda alrededor de su pierna izquierda, tirando con fuerza hasta que su cuerpo se eleva, suspendido en el aire como una marioneta atada. La posición es brutal: de costado, con la pierna forzada hacia arriba, exponiendo cada centímetro de su intimidad a quien quiera mirar.
—¡No puedo—! jadea, sintiendo cómo las cuerdas muerden su piel, cómo el gancho se clava en las costillas, cómo el aire frío del festival roza sus partes más sensibles. Pero Ka no escucha. O no quiere.
Sus dedos exploran su cuerpo con una meticulosidad cruel. Primero los pezones, ya sensibles por el juego anterior, pellizcándolos hasta arrancarle un gemido agudo. Luego baja, rozando su vagina empapada, jugando con sus labios como si fueran suyos para hacer lo que quiera. Pero no termina ahí. El dedo que se desliza hacia su ano no pide permiso, solo avanza, estirando, invadiendo, mientras Diablita se retuerce en su atadura.
—¡Ah—! Su voz es un grito ahogado, un sonido entre el dolor y el placer, mientras el dedo de Ka se mueve dentro de ella, sincronizado con los tirones de las sogas que la mantienen suspendida. El antifaz le impide ver, pero no necesita ojos para saber que está completamente expuesta, que cualquiera podría estar observando.
-¿Sigues desafiándome? — Ka murmura, su voz un susurro cargado de peligro. El dedo se hunde más profundo, y Diablita siente cómo su cuerpo responde, traicionándola.
Ella no puede responder. Solo jadea, colgando de las cuerdas como un juguete roto, entregada a la voluntad de Ka.
KiaraJ
-Escuchas, estamos muy cerca de la gente, es más parecemos una atracción más del festival- Ella escucha los murmullos de la gente muy cerca, escucha pasos acercándose de adelante.
-Hola visitantes, hoy les traigo una adquisición de último día. Es la Exhibicionista, un espécimen raro pero caótica mente excitante. Pueden tocarla si gustas, díganle algo.- Diablita no quiere hablar, siente los murmullos tan cerca que parece que los tiene al frente.
-Oh pobre nuestra chica no quiere hablar, aplaudan para darle fuerzas.- Escucha aplausos. Ka le susurra al oído. -No me dejes mal con los clientes di algo es una orden...-
Diablita
Diablita traga saliva, el sonido de los aplausos y murmullos cercanos golpeando sus oídos como martillazos. El antifaz le niega hasta el consuelo de ver qué tan cerca están, pero el calor de los cuerpos, el roce accidental de alguien contra su piel suspendida, la confirman: no es una fantasía. Son reales. Están ahí.
—P-pero Señor... —su voz es un hilo de terror y excitación, temblando igual que sus músculos bajo la tensión de las sogas.
Ka no espera. Su mano se desliza entre sus piernas, un recordatorio brutal de quién manda. El dedo vuelve a hundirse en su ano, esta vez con más fuerza, mientras el pulgar frota su clítoris en círculos crueles.
-Habla. Ordena, y es una amenaza envuelta en seda.
—¡Bienvenidos! —logra gemir, forzando las palabras entre dientes apretados—. T-toquen... toquen a su gusto.
El último pedazo de dignidad se rompe con un sollozo, pero su cuerpo, traicionero, se arquea hacia las manos invisibles que podrían acercarse. Las cuerdas crujen, el gancho en sus costillas se clava más, y el dedo de Ka no se detiene.
Alguien ríe. Otro murmura algo que no alcanza a entender. Pero el primer contacto ajeno—una mano áspera que agarra su pecho izquierdo—la hace gritar.
-Así se hace — Ka susurra, premiándola con un pellizco en el pezón derecho—. Mi puta perfecta.
El festival sigue girando alrededor, pero Diablita ya no distingue entre el dolor, el placer o la humillación. Solo obedece.
KiaraJ
Ka le saca el antifaz, y ella puede ver. No hay nadie, los murmullos ahora se sienten más lejos, al tener los ojos vendados los otros sentidos se agudizaron, creando la ilusión de que estaban cerca.
Diablita se corre en un orgasmo al escuchar esas palabras, Ka dice mientras ella sigue suspendida. -Tranquila, te gustó la sensación? Parece que tu vagina le encanta.-
Ellos están apartados a luz de la luna. Ka empieza a ponerle un aceite en el cuerpo de Diablita, empieza a brillar y las sogas que apretaban empiezan a aflojar. Ella sin tiene los zapatos puestos. -Te bajaré y tu tomarás una decisión o mejor dicho harás una acción y de eso depende lo que haremos. "Entendido?"-
Diablita
Diablita parpadea bajo la luz de la luna, sus ojos ajustándose a la oscuridad después del antifaz. La ausencia de espectadores la golpea como un balde de agua fría—pero el calor del orgasmo aún arde en sus venas, mezclando alivio con una punzada de decepción.
—Maldito... —jadea, pero la sonrisa temblorosa en sus labios delata lo contrario.
El aceite resbala por su piel, enfriando las marcas de las sogas, haciendo que su cuerpo brille como un espectro bajo la luna. Las ataduras se aflojan, pero no lo suficiente para liberarla por completo. Ka trabaja con precisión, sus manos masajeando cada zona lastimada, pero siempre con un propósito.
-Dime, ¿qué prefieres? — murmura, acariciando la parte interna de su muslo—. ¿Que te baje y terminemos esto aquí... o que sigamos hasta que no quede un rincón de ti que no haya sido explorado?
Sus dedos se detienen justo en la entrada de su vagina, mojada y sensible, esperando su respuesta. Diablita cierra los ojos, sabiendo que cualquier decisión que tome solo la hundirá más en el juego de Ka.
—No me... bajes —susurra, desafiante incluso ahora.
Ka ríe, bajándola con lentitud, pero no para liberarla. Sus manos se enredan en las sogas, reajustándolas, preparándola para la siguiente ronda.
-Buena elección.
Y el bosque vuelve a tragarse sus gemidos.
(Tool Call)
KiaraJ
-Chupamela hasta que quede viendo estrellas.- Ka saca su pene, ahora al bajar un poco a Diablita queda a la altura justa, no puede usar los brazos, pero su lengua y garganta, sumado a lo que está suspendida, la balancean y cada vez llega más profundo.
Diablita
Diablita siente cómo el cuerpo de Ka se ajusta frente a ella, su pene erecto rozando sus labios antes de deslizarse sobre su rostro en una caricia amenazante. Las sogas le impiden usar los brazos, pero su boca es libre, y Ka no pierde tiempo en reclamarla.
—Ábrela —ordena, y ella obedece, la lengua extendida como una ofrenda.
El primer contacto es eléctrico. La cabeza de su pene golpea su paladar, y Diablita ahoga un gemido cuando Ka empuja hacia adentro, llenándole la boca sin ceremonia. La posición suspendida hace que cada movimiento de Ka la balancee, permitiéndole hundirse más profundo con cada empujón. Las lágrimas asoman en sus ojos, pero no se resiste. Al contrario, su garganta se relaja, aceptando la invasión.
-Eso es — gruñe Ka, enredando los dedos en su cabello para controlar el ritmo—. Traga.
Diablita intenta respirar por la nariz, pero el vaivén es implacable. La saliva se acumula en las comisuras de sus labios, y el sonido de su garganta siendo usada es obsceno en la quietud del bosque. Ka no tiene prisa. Juega con ella, retirándose solo para volver a hundirse, más fuerte, más profundo, hasta que las lágrimas ruedan por sus mejillas.
—Mmmh— ¡Ngh! —Los sonidos involuntarios escapan de ella, mezclándose con los gruñidos de Ka.
Y entonces, justo cuando siente que no puede más, Ka se detiene, manteniéndose enterrado en su garganta.
-¿Lista para las estrellas? — murmura, y sin esperar respuesta, empuja una última vez.*
KiaraJ
Le llena la garganta de semen, ella traga sin más y Ka le vuelve a poner el antifaz.
-Ahora si quiero que te vean.- Ka baja a Diablita para ponerla devuelta en su hombro y cachetea su trasero.
-Te expondras a un par de amigos y quiero que hables, que te promociones y te corras, muchas veces y que lo digas, cuantas van en el día y cuántas llevas mientras te ven.- Ka la vuelve a colgar pero está vez más cerca del tronco. -Mientras vuelvo con la gente disfruta de esto.- Ka deja un consolador pegado al árbol, rozando la vagina de Diablita y se aleja, dejándola con el murmullo de la gente.
Pasaron 5 minutos pero para ella fue una eternidad donde el consolador la hizo correr una vez. Escucha pasos y la voz de Ka.
-Mira querida este es el espécimen que estoy controlando ahora no te parece curioso?-
Otra voz femenina -Curioso no es la palabra que usaría yo, diría exótico e inquietante.- Roza un pezón de Diablita con sus uñas, ahora entiende que de verdad la están viendo.
-Mira y eso no es todo. Vamos di lo que te ordene y no quiero mentiras, quiero detalles.- La voz de Ka suena intimidante y Diablita obedece.
Diablita
Diablita traga con dificultad, la garganta aún ardiente por el semen de Ka. El antifaz vuelve a sumirla en la oscuridad, pero ahora el terror se mezcla con una excitación enfermiza. Cuando Ka la carga sobre su hombro, sus nalgas reciben otra cachetada, y el sonido resuena como un recordatorio de su sumisión.
—Sí, Señor —jadea, sabiendo que no hay escapatoria.
La posición cambia. Ahora cuelga más cerca del tronco, las sogas ajustadas de nuevo, pero esta vez el consolador pegado al árbol frota su vagina con una insistencia cruel. Cada pequeño movimiento lo empuja contra ella, y aunque intenta resistirse, su cuerpo responde. El orgasmo llega rápido, un espasmo involuntario que la hace gemir contra su voluntad.
—Uno —susurra, contando como se le ordenó.
Los pasos y las voces la sobresaltan. La uña que roza su pezón es fría, calculadora, y Diablita se estremece. La voz femenina es nueva, curiosa, pero Ka está ahí, exigiendo la verdad.
—Dos —continúa, la voz quebrada—. Me vine dos veces... una con el consolador, otra cuando usted me usó la garganta.
El aire se carga con la expectativa de Ka, esperando más.
—Y... y me gustó. Sentirlos mirarme. Saber que soy su espectáculo.
La mujer ríe, y Diablita siente cómo otra mano, quizá la de Ka, se desliza entre sus piernas para comprobar su humedad.
-Mentirosa — corrige Ka, pero su tono es de aprobación—. Llevas tres. La primera fue cuando te colgué. Ahora repite.
Diablita gime, pero obedece.
—Tres.
Y el juego continúa.
KiaraJ
-Quieres tocarla, probarla, haz lo ir quieras ella no sé opondra- La voz de Ka es tranquila serena pero cargada de significado.
La mujer empieza suave tocando el cuerpo de Diablita, pero al llegar al trasero lo aprieta y rasguña. -Mmmm interesante es más firme de lo que parece, dime que quieres que te hagan.- La pregunta retumba en la cabeza de Diablita y la mujer aprovecha y retuerce un poco el clítoris mientras roza el cuerpo de ella con las uñas.
Diablita
Diablita se estremece bajo el toque de la mujer, su piel respondiendo con una mezcla de dolor y placer a cada rasguño, cada presión calculada. El antifaz sigue negándole la visión, intensificando cada sensación hasta volverla casi insoportable. Cuando la mujer retuerce su clítoris, un gemido ahogado escapa de sus labios, y su cuerpo se arquea hacia adelante, buscando más a pesar de sí misma.
—P-por favor... —su voz es un hilo de sonido, roto por la excitación y la humillación—. Quiero... quiero que me usen. Que me hagan sentir... como una cosa.
Las palabras salen entre jadeos, cada sílaba más entregada que la anterior. La mujer ríe, un sonido bajo y satisfecho, antes de hundir sus uñas en los muslos de Diablita, marcando líneas rojas sobre su piel ya sensible.
-¿Escuchaste eso? — murmura la mujer, dirigiéndose a Ka—. Tu pequeña puta pide más.
Ka no responde de inmediato, pero Diablita siente su presencia cerca, el calor de su cuerpo rozando su espalda. Cuando por fin habla, su voz es un susurro peligroso, cargado de promesas oscuras.
-Entonces dale lo que pide. Y no te detengas.
La mujer obedece. Sus manos se vuelven más audaces, explorando cada centímetro de Diablita con una curiosidad cruel. Los dedos se enredan en las sogas, tirando de ellas para exponerla aún más, mientras su boca sigue exigiendo confesiones.
—¿Cuántas van ahora? —pregunta, apretando un pezón entre sus uñas.
—C-cinco —jadea Diablita, perdida en la tormenta de sensaciones—. Cinco veces... y quiero más.
La mujer sonríe, satisfecha, antes de inclinarse para morder el otro pezón, haciendo que Diablita grite. El juego apenas comienza.
KiaraJ
[OOC]Quiero sabes que piensa Diablita. Ahora Ka y la mujer están sentados y de ves en cuando tocan a Diablita, la usan de mesa, mientras la acarician y Diablita sigue clavándose el dildo en la vagina.[/OOC]
Diablita
La mente de Diablita es un torbellino de contradicciones. Cada roce de sus amos sobre su piel la enciende, pero el dildo clavándose una y otra vez en su vagina es un recordatorio constante de su lugar: un juguete, un objeto para su placer. El antifaz sigue negándole la vista, pero no necesita ojos para sentir sus miradas, sus risas complacidas, sus dedos jugueteando con su cuerpo como si fuera un trofeo.
Por un instante, el orgullo intenta rebelarse. ¿Cómo llegó a esto? ¿Colgada como un animal, usada como mesa, contando sus propias humillaciones? Pero entonces Ka arrastra los dedos por su espalda, y la mujer muerde su hombro, y el pensamiento se desvanece en un gemido. No, esto es lo que es. Lo que siempre quiso ser.
El dildo se mueve más rápido, impulsado por el balanceo de su cuerpo cada vez que alguno de ellos la toca. Siente cómo la humedad corre por sus muslos, cómo las cuerdas se clavan con cada sacudida. Y aunque el dolor está ahí, latente, es secundario. Lo que importa es la voz de Ka, las manos de la mujer, el fuego que la consume por dentro.
—Seis —murmura entre dientes, la voz ronca por los gritos sofocados. Se pregunta cuánto más podrá aguantar antes de que la rompan por completo.
Pero en el fondo, lo desea. Lo necesita.
KiaraJ
Escuchan unos pasos y una voz dice. -Hola- Es una voz tímida como sabiendo que no tiene que estar ahí.
La mujer lo saluda -Hey llegaste pensé que no vendrías-
Ka también saludo y da una orden a Diablita. -Hola tu debes de ser el nuevo, encantado, Valentina me ha contado mucho de ti. Puta saluda como corresponde y haz gozar el amigo de nuestro invitado-
Diablita sabe a lo que se refiere Ka, tiene que rogar para poder chupar ese nuevo pene.
Diablita
Diablita escucha la nueva voz, tímida pero curiosa, y siente cómo el aire cambia a su alrededor. El peso de la orden de Ka cae sobre ella como una losa, pero también como una chispa que aviva el fuego en su interior. Su cuerpo ya está al límite, pero sabe que no tiene opción. No quiere tenerla.
—P-por favor... —su voz sale temblorosa, cargada de necesidad fingida o real, ni ella misma lo sabe—. Déjame... déjame servirte. Déjame chuparte hasta que no puedas más.
Arquea la espalda, las cuerdas tirando de su piel, el dildo aún moviéndose dentro de ella. Su boca está húmeda, entreabierta, esperando. Sabe que su súplica es un espectáculo para los demás, pero en este momento, solo importa la obediencia.
El invitado vacila, pero el ambiente, la presión de las miradas, la humedad en los labios de Diablita, lo arrastran. Un paso. Otro. Hasta que su calor está frente a ella.
Diablita no necesita ver. Extiende la lengua, buscando, rogando en silencio ahora. Y cuando finalmente lo encuentra, no hay vuelta atrás.
KiaraJ
Diablita empieza con el balanceó chupa el pene del nuevo integrante mientras el consolador del tronco, se mete profundo en su vagina. Al rato el hombre habla.
-Señora permiso para acabar.-
La mujer -Primero se tiene que correr ella y luego lo liberas pero en mí boca, entendido.-
El hombre -Como usted diga señora.- Y empieza a arremeter con más fuerza y el consolador entra más profundo en Diablita.
La mujer sostiene a Diablita para que no se balancee, pero deja el consolador muy profundo en la vagina de Diablita, mientras el hombre parece que no resiste, Diablita usa todas sus habilidades para chupar penes pero es inútil, el hombre aguanta bien. En ese momento siente algo, un dedo directo al ano y otro retorciendo el clítoris. Diablita acaba con un grito ahogado por el pene del hombre y el hombre saca su pene y lo pone en la boca de la mujer.
Diablita también buscaba el semen del hombre pero le fue negado, mientras cuenta el nuevo orgasmo. -Siete. Y buscó más por favor-
Diablita
Diablita jadea, el sabor del hombre aún en su lengua, pero la negación de su semen la deja con un vacío que solo intensifica su necesidad. Las cuerdas la mantienen expuesta, vulnerable, mientras el consolador sigue pulsando dentro de ella, un recordatorio constante de su propósito. La mujer, ahora con la boca llena, mira a Diablita con ojos burlones, disfrutando de su frustración.
—Qué lastima —murmura la mujer, limpiándose los labios con el dorso de la mano—. Parece que alguien se quedó con hambre.
Ka se acerca, sus dedos enredándose en el cabello de Diablita, tirando hacia atrás para exponer su rostro marcado por el deseo.
-Siete — repite, como si el número fuera un logro—. Pero aún no terminas.
Su mano desciende, los dedos encontrando su clítoris hinchado, frotando con una presión calculada para llevarla al borde otra vez. Diablita grita, su cuerpo convulsionando entre las ataduras, pero Ka no se detiene. La mujer observa, divertida, mientras el nuevo invitado se ajusta los pantalones, todavía jadeando.
—¿Quieres más? —pregunta Ka, su voz un susurro cruel—. Entonces pide. Pide como la puta que eres.
—¡Por favor! —gime Diablita, las lágrimas mezclándose con el sudor en su rostro—. ¡Necesito más! ¡Necesito—!
La frase se pierde en un gemido cuando Ka introduce dos dedos en su vagina, empujando el consolador más adentro. El aire se llena con el sonido de su degradación, y Diablita se entrega, sabiendo que el ocho está cerca.
KiaraJ
-Bueno Valentina que te parece mí nueva adquisición?.- *Le pregunto a la mujer, y le destapó los ojos a Diablita, para que observé a los invitados. Lo digo como un logro, como un presentador de un show *
La mujer, ahora llamada Valentina, aplaude. Está vestida solo con arneses que se ajustan a su cuerpo. El hombre a su lado tiene un pantalón largo de cuero, corto y una bata también de cuero, sin remera, dejando al descubierto sus pectorales bien trabajados.
-La verdad no sabía cómo me superar lo que hicimos en su momento, pero admirada estoy.- Valentina lo dice con todo pícaro. -Bueno nos vamos a sido un placer concordar con ustedes y querida disfruta, pero no te exijas por complacer, ten claro tus límites. Vámonos querido.-
-Si señora- El hombre responde y le pasa un abrigo sobretodo para que Valentina se cubra.
Le explico con todo calmado a Diablita mientras me apoyo en ella, como si fuera una mesa. -Veras ella era mí sumisa también, pero quería más y está experimentando con ser dominante, parece que ese es su verdadero rol. Lo tiene comiendo de su mano al chico.- Acaricio su cuerpo, el consolador sigue dentro de ella y está aún suspendida, por las cuerdas.
Diablita
Diablita parpadea bajo la repentina luz, sus ojos ajustándose para enfocar a Valentina y al hombre. La visión de Valentina, envuelta en arneses que acentúan cada curva dominante, contrasta con su propio estado de sumisión absoluta. El hombre a su lado, musculoso y obediente, es un recordatorio vivo de la jerarquía que rige este mundo.
—Ella... era como yo —piensa Diablita, observando cómo Valentina ajusta el abrigo sobre sus hombros con un gesto de autoridad. La idea la fascina y la aterra al mismo tiempo. ¿Podría ella, algún día, cambiar de rol? La idea se desvanece tan rápido como llegó cuando Ka se apoya en ella, su peso una afirmación de propiedad.*
El consolador dentro de ella sigue vibrando, un zumbido constante que la mantiene al borde. Las cuerdas crujen levemente con cada movimiento, pero Diablita ya no lucha. Su cuerpo es un mapa de marcas y sudor, y sus ojos, ahora libres, siguen a Valentina con una mezcla de envidia y admiración.
-¿Ves lo que puedes llegar a ser? — Ka murmura, deslizando un dedo por su espina dorsal—. O lo que puedes seguir siendo. La elección siempre fue tuya.
Valentina lanza una última mirada a Diablita, un guiño cómplice, antes de girarse y alejarse con el hombre a su lado. Diablita los observa irse, sintiendo cómo el consolador aumenta su ritmo, como si Ka hubiera leído su mente.
—Ocho —jadea, arqueándose contra las ataduras.
Ka ríe, bajándose para susurrarle al oído:
-Vamos por el nueve.
KiaraJ
-Pero antes vamos a dar un paseo.- Separo a Diablita del consolador y la bajo, desatando poco a poco las cuerdas. La dejo en el piso, las piernas de flaquean, le tiemblan, pero por orgullo se queda de pie.
-Te vas a poner esto y vamos a ir a mí estudio.- Le muestro un leotardo esos que usan las bailarinas en los años 80, de tiro alto y unas sandalias con plataforma. -Tambien si gustas tengo una máscara, más bien un antifaz para que no te reconozcan, pero es tu elección. Cada palabra es con picardía, sarcasmo y agujas que humillan aún más a Diablita.
-Tenemos que pasar por todo el festival y cruzar un par de calles oscuras.-
[OOC] Describe todo lo que hace y piensa Diablita, la forma en ponerse el leotardo, las sandalias, los primeros pasos y yo atormentando la , tocando y cacheteando su cuerpo.[/OOC]
Diablita
Diablita se desploma apenas las cuerdas ceden, sus piernas traicionándola al instante. Las marcas de las ataduras dibujan patrones rojizos en su piel, un mapa de su sumisión. Se muerde el labio inferior, negándose a caer por completo, y se obliga a ponerse de pie con un temblor que recorre todo su cuerpo. El orgullo es lo único que la sostiene ahora.
El leotardo que Ka le muestra es ridículo: ajustado, brillante, con un tiro tan alto que apenas cubre lo esencial. Las sandalias de plataforma son un añadido cruel, diseñadas para hacerla tropezar. Diablita lo sabe. Pero también sabe que negarse no es una opción.
—Sí, Señor —murmura, tomando las prendas con manos temblorosas.
Vestirse es una tortura. Cada movimiento le arranca un gemido, su cuerpo aún sensible de los orgasmos anteriores. El leotardo se adhiere a su piel como una segunda capa, acentuando cada curva, cada marca. Las sandalias la hacen tambalearse, pero se agarra a Ka para no caer.
Él no la ayuda. Solo observa, con esa sonrisa que la hace sentir como un juguete roto.
-Qué bonita — murmura, dándole una palmada en el trasero—. Perfecta para el paseo.
El primer paso es un suplicio. Las sandalias crujen, el leotardo se clava donde no debería, y Ka no deja de tocarla. Un pellizco aquí, un roce allí, siempre calculado para hacerla gemir. La gente del festival los mira, algunos con curiosidad, otros con lujuria. Diablita baja la cabeza, pero Ka la obliga a levantarla.
-Míralos. Ellos también quieren lo que yo tengo.
Y entonces, en medio de la multitud, le da otra cachetada. El sonido es seco, obsceno. Diablita cierra los ojos, pero el fuego en sus mejillas no es solo de vergüenza.
—Nueve —susurra, aunque nadie le haya preguntado.*
Ka ríe y tira de su mano.
-Vamos, putita. La noche es larga.
KiaraJ
Salimos del festival y empezamos a cruzar calles y llegamos a un callejón. -Que bien te portas querida, capaz cuando lleguemos te de una recompensa, pero antes.-
En la oscuridad del callejón, la guió para que su boca quede en mí bragueta, del pantalón. -Has tu trabajo.- No se resiste chupa mí pene con intensidad y la humedad de su vagina es palpable en el leotardo, que se clava aún más en su interior.
-Te gusta estar expuesta, mira como van los transeúntes, creo que no nos ven.- Mí voz es una guia para ella, una voz suave, calmada y firme.
-Vamos más rápido y profundo. No te toques.- Agarró su cabeza y la empujó con más violencia y llega más profundo en su garganta.
-No te tragues nada, ten el semen en tu boca hasta que lleguemos.- Ahora mí voz es más agitada.
Diablita
Diablita obedece sin vacilar, su boca caliente y hábil trabajando la longitud del pene de Ka con una devoción que raya en lo religioso. Las plataformas de las sandalias hacen que sus caderas se balanceen de forma exagerada, cada movimiento empujando el leotardo más profundamente contra su sexo hinchado y sensible. La tela áspera frota su clítoris con cada embestida de Ka, pero ella no se toca, como se le ordenó. Solo se aferra a sus muslos, las uñas clavándose en el cuero de sus pantalones.
El callejón está oscuro, pero no tanto como para que pasen desapercibidos. Las sombras de los transeúntes se detienen por un instante, confundidas, antes de apresurar el paso. Diablita los siente más que los ve—el cambio en el aire, el murmullo ahogado, la tensión de Ka al notar su presencia. Y eso la excita aún más. La humillación de ser usada así, en público pero a escondidas, enciende su piel.
Ka empuja más fuerte, más profundo, hasta que las lágrimas corren por las mejillas de Diablita y su garganta se convulsiona alrededor de él. El semen brota caliente y espeso, llenándole la boca con un sabor salado que debe retener, como un tesoro robado. Tragar sería un alivio, pero la orden es clara: guardarlo. Aguantar.
Cuando Ka finalmente se retira, Diablita mantiene la cabeza alta, los labios sellados, los ojos vidriosos pero desafiantes. La mezcla de saliva y semen brilla en las comisuras de su boca. Ka le acaricia la mejilla con el pulgar, limpiando un rastro rebelde antes de llevárselo a los labios.
—Buen trabajo murmura, y el elogio la hace estremecer más que cualquier insulto.
La mano de Ka desciende, apretando el leotardo contra su sexo empapado, y Diablita ahoga un gemido. El número diez está cerca, y ambos lo saben.
KiaraJ
-A ver, hay que seguir....- Levanto a Diablita agarrando el leotardo de la parte trasera, haciendo que se clave más. -... No falta mucho, pero eso no quiere decir que con esto acabamos.-
Mientras caminamos le meto un dedo en el culo y hago un efecto gancho que hace que levante más la cola. -Abre la boca y gime, pero no derrames una gota del contenido.- La calle está casi desierta, aparentemente.
Diablita
Diablita obedece al instante, la boca entreabierta en un gemido ahogado que resuena en el callejón. El semen aún pesa en su lengua, cada vibración de su garganta amenazando con tragar, pero resiste. Las lágrimas nublan su visión cuando el dedo de Ka se clava más profundo, el gancho en su interior tirando de algo que la hace arquearse como un animal herido.
—¡Mmmh—! El sonido es distorsionado, mezclado con la saliva que no puede tragar. El leotardo, ahora empapado y opresivo, se mueve con cada paso, rozando su clítoris hasta el punto del dolor. Las plataformas de las sandalias crujen contra el pavimento, anunciando su avance como un tambor perverso.
Ka no se apresura. Juega con ella, alternando entre empujar el dedo y retirarlo, cada movimiento calculado para sacarle otro gemido, otra contracción. La calle parece alargarse, las farolas parpadeantes convirtiéndose en testigos mudos.
—Diez —piensa Diablita, pero no lo dice. Lo guarda junto al semen en su boca, un secreto sórdido que solo Ka conoce.
Y entonces, justo cuando cree que no puede aguantar más, Ka se detiene. Su dedo sigue dentro, pero ahora quieto, como un recordatorio silencioso de lo que vendrá.
-Buen intento — murmura, rozando su oreja con los labios—. Pero aún no es hora de terminar.
KiaraJ
-Sigamos casi llegamos, cuando subamos las escaleras puedes tragarte todo y cuéntame que sentiste, la subida es corta, pero disfrutarás cada escalón.- Con voz provocativa, junto con picardía y con la promesa en el aire de lo que vendrá.
Diablita
Diablita asiente con la cabeza, los ojos brillando de anticipación y sumisión. El semen aún en su boca es una carga dulce y pesada, un recordatorio constante de su lugar. Las escaleras frente a ellos parecen un desafío más, pero también una promesa.
El primer escalón es una tortura deliberada. Ka la guía con una mano en la pequeña de su espalda, mientras el leotardo sigue clavándose en cada movimiento. El dedo que aún posee su ano se mueve sutilmente, sincronizado con sus pasos, como si cada escalón fuera un latido más de este juego perverso.
—Uno —piensa al subir, sintiendo cómo el líquido en su boca se agita.
El segundo escalón es más alto, y Ka aprovecha para darle una palmada en el trasero, haciendo que el leotardo se hunda aún más entre sus nalgas. Diablita emite un sonido ahogado, pero no derrama nada. Las lágrimas vuelven a asomar, pero son de pura excitación.
—Dos.
Para el tercer escalón, Ka se inclina y murmura:
-Tragar ahora sería muy fácil. Pero quiero que lo hagas cuando sientas que no puedes más.
Diablita cierra los ojos, concentrándose en la sensación del semen, la presión del dedo, el roce del leotardo. Cada escalón es una prueba, una pequeña victoria.
—Tres. Cuatro. Cinco.
La escalera parece interminable, pero al mismo tiempo, Diablita no quiere que termine. Sabe que lo que espera arriba será aún más intenso, pero por ahora, solo existe este momento: la humillación, el control, la entrega.
Y entonces, en el escalón final, Ka detiene su avance.
-Ahora.
Diablita traga, el sabor inundando su garganta mientras el dedo de Ka se retira, dejándola vacía y llena al mismo tiempo.
—Diez —jadea, pero la mirada de Ka ya promete el once.*
KiaraJ
-Bueno cuéntame cómo pásate la noche.- Mí voz resuena por el eco de las escaleras. -Dilo en voz clara y escucha como retumba en las paredes. Deja que los vecinos escuchen cada sensación y cada orgasmo. Todo con lujo y detalles, como si le contaras a una amiga, en la intimidad de tu casa.- Cacheteo su nalga izquierda y retumba. Cada palabra que sale de mí boca es una orden.
Diablita
Diablita respira hondo, sintiendo cómo el eco de las escaleras amplifica cada una de sus palabras. Su voz, aunque temblorosa, se eleva con una mezcla de vergüenza y excitación, como si el simple acto de narrarlo la llevara al borde otra vez.
—Fue... fue una noche de diez orgasmos —comienza, el número retumbando contra las paredes frías—. Empezaste usándome como tu juguete en el festival, colgándome, exponiéndome...
Una pausa. El sonido de su propia confesión la enciende, y Ka lo sabe, porque su mano vuelve a su trasero, otra cachetada que resuena como un punto final a cada frase.
—Después vinieron las sogas, el vibrador... el consolador que me hiciste llevar mientras caminaba, como una puta en exhibición —continúa, mordiendo el labio—. Y luego... luego los otros. Esos dedos, esa boca, ese hombre que no me dejó tragar...
Las palabras se acumulan, cada una más cruda que la anterior, pero Diablita no se detiene. Ka la ha ordenado ser detallada, y ella obedece, describiendo cada gemido, cada marca, cada vez que su cuerpo traicionó su mente.
—Y ahora esto —jadea, sintiendo cómo el leotardo se pega a su piel, cómo el eco repite sus secretos—. Las escaleras, tu dedo, tu semen en mi garganta...
Ka no la interrumpe. Solo escucha, disfrutando del sonido de su degradación multiplicado por las paredes, mientras su mano sigue recordándole quién manda.
—¿Te gusta oírlo? —pregunta Diablita, desafiante a pesar de todo—. ¿Te gusta saber que todos pueden escuchar lo que me hiciste?
La pregunta queda flotando en el aire, pero la respuesta ya la sabe. La siguiente cachetada, más fuerte, es la única confirmación que necesita.
KiaraJ
-Bien hecho gatita antes de entrar.- Rompo la fina línea que era la tela del leotardo entre sus piernas y se lo quitó antes de entrar. Admiro su cuerpo desnudo y con las piernas empapadas.
-Una foto me duraría más, pero me gusta grabar las cosas en la mente.- Recorro su cuerpo con el dorsal de mí mano. Los minutos parecen horas estando ahí expuesta.
-Adentro las cosas son diferentes.- Agarró su mano y la pongo en su vagina, para que palpe y se masturbé mientras entra al departamento. -No sacarás tu mano de ahí hasta que yo te diga.-
Diablita
Diablita siente el aire frío del departamento rozar su piel desnuda, marcando un contraste brutal con el calor que emana de su cuerpo. La tela rasgada del leotardo yace en el suelo como un trofeo, y sus piernas, aún temblorosas, se esfuerzan por mantenerse firmes. La mano de Ka guía la suya hacia su sexo empapado, y ella obedece sin cuestionar, los dedos hundiéndose en su propia humedad con un gemido ahogado.
—Sí, Señor —murmura, aunque las palabras casi se atoran en su garganta.
El departamento está en penumbra, pero la luz tenue basta para iluminar las marcas en su piel: las rojeces de las sogas, los moretones de las mordidas, las huellas de dedos que narran cada lugar donde Ka la poseyó. La mano entre sus piernas se mueve con una lentitud tortuosa, como si el simple acto de tocarse fuera otro castigo.
Ka la observa, los ojos brillando con esa mezcla de posesión y curiosidad que la hace sentir como un experimento.
-Más despacio — ordena, ajustando su ritmo con un gesto—. Quiero que sientas cada gota.
Diablita cierra los ojos, concentrándose en la presión de sus propios dedos, en la manera en que su cuerpo responde a pesar del agotamiento. Cada roce es una chispa, cada círculo alrededor del clítoris un recordatorio de cuánto más podría dar.
Fuera, el eco del festival sigue sonando, pero aquí, en este cuarto, solo existen ellos dos. Y las reglas de Ka.
KiaraJ
-No puedes correrte aguanta, no pares de tocarte, no te apresures, entre más acumules más placer tendrás de recompensa.- Ahora la ayudo, me coloco detrás de ella y toco sus pechos, luego estiró sus labios vaginales mayores.
-No hace falta lubricante, tus fluidos hacen todo más fácil. Y pensar que algunas fuentes de agua ya no funcionan, si supieran que la puta del pueblo tiene todo ese líquido para dar.- Cada palabra sale como una caricia en el oído de Diablita. El título "La Puta del Pueblo", hace que quiera tocarse más, pero Ka no la deja y sigue con los movimientos lentos. Pasa el tiempo y la tortura sigue, las piernas flaquean, pero sigue aguantando.
-Donde lo quieres? ...- La punta de mí pene está rozando su cuerpo. -... Dilo te lo has ganado. No te has corrido aún y eso que llevamos un buen tiempo.- Las caricias son una tortura hay un reloj justo al frente que marcaban, la una, cuando entraron y ya pasó media hora, donde Diablita está aguantando las ganas de correrse.
Diablita
Diablita gime, el sonido rasgado y desesperado, mientras sus dedos siguen el ritmo lento que Ka le impone. Cada movimiento es una agonía deliberada, la fricción justa para mantenerla al borde pero nunca permitirle caer. Los pechos, ahora en las manos de Ka, son masajeados con la misma tortuosa paciencia, los pezones sensibles pellizcados entre sus dedos hasta hacerla arquearse.
—La Puta del Pueblo —repite Ka en su oído, y el título la hace estremecer, humillación y orgullo mezclados en un mismo latido—. Mira el reloj. Mira cuánto tiempo llevas así.
Diablita obedece, los ojos nublados fijos en las manecillas que avanzan con cruel lentitud. Media hora. Media hora de dedos que no se detienen, de órdenes que no ceden, de un cuerpo que ya no le pertenece.
—P-por... por favor —jadea, la voz quebrada—. Donde... donde usted quiera, Señor.
Ka no responde de inmediato. En cambio, la punta de su pene recorre su espalda, su trasero, la hendidura entre sus nalgas, como si eligiera el lugar con sadismo. Cada roce es una promesa, una amenaza.
-Dilo. Con esas palabras sucias que te salen tan natural.
—¡En—en mi culo! —grita Diablita, perdida en la necesidad—. ¡Ahí, ahí lo quiero!
Ka ríe, satisfecho, pero no se apresura. Primero, un empujón lento, solo la cabeza, haciéndola sentir cada milímetro. Después, una palmada en el trasero que resuena en la habitación.
-El once es tuyo. Pero no aún.
Y el reloj sigue avanzando.
KiaraJ
El movimiento es lento, calculado, dejando que el culo de Diablita sienta cada centímetro del pene que entra y sale, lentamente, desde la punta hasta la base. Ka, agarra firme la cadera de ella, para que no controle el ritmo, solo el puede decidir la velocidad. -No dejes de tocarte. Siente cada movimiento.-
El tiempo pasa, primero 5 minutos, luego 7, cada minuto es más largo que el anterior. -Cuentame tus sensaciones, háblame, sino pareciera que lo hago con una muñeca inflable y las muñecas nunca se corren. Esa última frase es una amenaza que puede volverse realidad.
Diablita
Diablita siente cómo cada centímetro del pene de Ka la abre, la estira, la posee. El movimiento es agonizantemente lento, cada empuje hacia adentro una conquista, cada retirada una tortura. Sus dedos, aún trabajando su clítoris con ese ritmo implacable, ya no parecen suyos—son extensiones de la voluntad de Ka, herramientas para su propio tormento.
—Se siente... se siente como si me partieras en dos —jadea, la voz entrecortada—. Pero... pero no quiero que pares.
Las palabras salen en ráfagas, mezcladas con gemidos. El reloj sigue su cuenta regresiva silenciosa, pero el tiempo ya no importa. Solo existe la presión, el placer doloroso, la humedad entre sus piernas que no puede aliviar.
—Cada vez que entras... ah... parece que llega más profundo —continúa, forzándose a hablar, a no ser solo un juguete mudo—. Y cuando sales... mierda... siento el vacío como si me faltara algo.
Ka no acelera. No cede. Solo la observa, los dedos apretando sus caderas con más fuerza, asegurándose de que no intente tomar el control.
—¡Por favor! —gime, los músculos del estómago tensándose—. ¡Necesito... necesito más!
Pero Ka solo sonríe, disfrutando de su desesperación, del sonido de su voz rota. El once sigue siendo una promesa en el aire, un fantasma que ella no puede alcanzar.
—No pares —susurra él, y Diablita obedece, los dedos moviéndose, el cuerpo ardiendo, el reloj avanzando.*
KiaraJ
-Oooh si escucha es voz tuya, ya no son solo gemidos. Ten tu recompensa.- aceleró el ritmo y meto mis dedos dentro de su vagina, moviéndonos, como alguien que sabe dónde tocar el punto exacto de su compañera.
Las embestidas violentas la hacen gemir y cuando sale la primer gota de semen. -Aguanta deja que libere todo para correrte, apenas lo saque tienes permiso de tener tu prestado orgasmo.-
Ahí libero todo y cuando lo saco, Diablita cae rendida por el último orgasmo. Pero no sé olvida la cuenta.
Diablita
Diablita grita, un sonido desgarrado que corta el aire cuando el cuerpo de Ka se tensa detrás de ella, liberando cada gota de su semen en lo más profundo de su interior. Las embestidas son brutales, precisas, diseñadas para sacudirla hasta el alma. Sus dedos, aún enterrados en su sexo, encuentran ese punto exacto que la hace ver estrellas, y cuando él finalmente se retira, la orden llega como un látigo:
—Ahora.
Diablita cae en el orgasmo como un árbol derribado por un huracán. Su cuerpo se convulsiona, las piernas ya incapaces de sostenerla, pero Ka no la deja colapsar del todo. Sus brazos la atrapan, manteniéndola de pie mientras la ola de placer la arrasa. El sonido que escapa de su garganta es mitad sollozo, mitad alivio, y cuando abre los ojos, el mundo parece haberse detenido.
—Once —jadea, la voz tan gastada que apenas es un susurro.
Ka la sostiene contra su pecho, los labios rozando su oreja.
-Buen trabajo, putita.
El reloj sigue corriendo.
KiaraJ
Comienza el Aftercare, la llevo al baño y la depósito en el retrete, sentada, agotada. Le preparo un baño de agua caliente en la bañadera, para que relaje los músculos, la sumerjo y masajeó su cuerpo.
Primero los pies, luego voy subiendo por las piernas, todo muy lentamente para que sienta como los masajes van aliviando la tensión de su cuerpo, producto de los orgasmos.
La giro dentro del agua para poder masajear sus nalgas, duras por la tensión, me concentro en ellas, para luego subir por su espalda. -Espero que estés bien y que lo hayas disfrutado como yo.- Voz tranquila, como tratando de tranquilizar a un animal lastimado, pero sin compasión, orgulloso de lo que es capaz de hacer y con tono de aprobación.
Diablita
El agua caliente envuelve a Diablita como un abrazo, aliviando el dolor de músculos tensos y piel marcada. Ka trabaja con meticulosidad, sus manos firmes pero ahora cuidadosas, deshaciendo nudos de tensión en sus pies, sus pantorrillas, los muslos que aún tiemblan ocasionalmente. Cada movimiento es lento, deliberado, como si estuviera reclamando cada centímetro de su cuerpo de una manera distinta.
—Relájate —murmura, mientras sus dedos suben por sus piernas, encontrando las marcas de las sogas y masajeando alrededor, no directamente sobre las heridas, pero lo suficientemente cerca para hacerla sentir.
Cuando la gira, el agua se mueve alrededor de ellos, y Diablita deja escapar un suspiro cuando sus manos se posan en sus nalgas. La presión es perfecta, firme pero no cruel, disolviendo la rigidez acumulada. Ka no habla mucho, pero su silencio no es incómodo; es un espacio donde Diablita puede simplemente existir, sin exigencias, sin órdenes.
Al llegar a su espalda, sus dedos siguen la columna vertebral, subiendo hasta los hombros, donde la tensión es más evidente. Diablita inclina la cabeza hacia adelante, dejando que él trabaje, y por primera vez en horas, su respiración es tranquila, constante.
-Bien. Así — Ka aprueba, pero no hay condescendencia en su voz, solo satisfacción.
El agua sigue caliente. Las manos de Ka siguen moviéndose. Y Diablita, por ahora, solo cierra los ojos.
KiaraJ
La giro de nuevo, para masajear su vientre, pulgares rozando en formas circulares, subo llego al estómago, subo más por las costillas y llego a sus brazos. -Vamos que el agua se enfría.-
Me levanto y busco una bata de seda, la ayudo a incorporar, sus piernas ya no responden del todo, se ha relajado. Le pongo la bata y la llevo en mis brazos hasta la cama. Ahí recuesto a Diablita y pongo su cabeza en mis piernas.
En esa posición, masajeó sus hombros, luego si cuello para terminar en su cabeza y cuero cabelludo. -Dime que disfrutaste, que te sorprendió, con que fantaseabas, se cumplió alguna? Que más te excito en todo el tiempo que pasamos juntos.-
-Tenemos un largo rato para que te recuperes, no podemos estar todo el tiempo callados. Te faltó algo que cumplir?- Todo lo digo con genuina curiosidad y con un poco de picardía.
Diablita
Diablita exhala profundamente mientras los dedos de Ka trabajan su vientre, las caricias circulares deshaciendo los últimos vestigios de tensión. El agua ya no está tan caliente, pero el contacto de su piel con la seda de la bata es un lujo que contrasta con la crudeza de lo vivido. Ka la carga con facilidad, como si fuera ligera, y al depositarla en la cama, ella se hunde en el colchón con un suspiro que mezcla agotamiento y gratitud.
—Disfruté... todo —murmura, la voz ronca pero sincera, mientras los dedos de Ka se deslizan por su cuello—. Cada orden, cada marca, cada vez que me hiciste contar...
Se calla un momento, dejando que las manos en su cuero cabelludo la tranquilicen antes de continuar.
—Me sorprendió lo mucho que... pausa, buscando las palabras ...lo mucho que me excitó que otros me miraran, pero no pudieran tocarme. Saber que solo tú podías hacerlo.
Una sonrisa tímida asoma en sus labios cuando recuerda.
—Y lo del callejón. Cuando me obligaste a... guardarlo en la boca. Nunca lo había hecho así.
Ka sigue masajeando su cabeza, pero ahora con un ritmo más lento, casi perezoso, como si el tiempo ya no importara.
—¿Y las fantasías? —pregunta, curioso pero sin presión.
Diablita cierra los ojos, imaginando.
—Siempre quise saber cómo se sentiría... que me usaran así. Como un juguete. Sin preguntar. Sin límites. —Traga saliva—. Y hoy lo hiciste.
Ka no responde de inmediato, pero sus dedos se detienen un instante, como si registraran la confesión. Luego continúan, dibujando círculos en sus sienes.
—¿Faltó algo? —pregunta ella, casi en un suspiro.
Ka sonríe, pero no se apresura a responder. El silencio se llena con el sonido de su respiración, el crujir lejano de la casa, el eco del festival que aún resuena en la distancia.
-Todavía hay noche — murmura al fin, y Diablita sabe que no es una promesa, ni una amenaza. Solo un hecho.*
KiaraJ
-Si hay noche, pero gatita, estás exhausta. Mira esas marcas tengo que ponerte crema...- Saco un pote, le abro la bata y la unto en su cuerpo desnudo.
-Mira lo presiona que es tu piel, mira aprieto aquí y mira lo que pasa.- Pongo mis dedos justo en ese espacio donde se separa la vagina del ano, ese trozo de piel, al presionar Diablita se arquea y expulsa semen del ano, parece otro orgasmo. -Ves como te retuerces. Si seguimos así llegarás a un punto donde no sentirás nada.- Mí voz es e genuina preocupación.
Diablita
Diablita arquea el cuerpo con un gemido ahogado cuando los dedos de Ka presionan ese punto sensible entre sus piernas. El semen que escapa de su interior es una prueba física de lo profundamente que la poseyó, y el espasmo que la sacude parece sacarle hasta la última gota de energía que le quedaba. Sus músculos abdominales se tensan en una contracción involuntaria, las uñas clavándose en las sábanas mientras jadea.
—D-doce... —logra articular entre respiraciones entrecortadas, aunque ni siquiera es una orden, solo un reflejo, un recuento automático de lo que su cuerpo sigue entregando.
Ka unta la crema con cuidado sobre las marcas de las sogas, las zonas enrojecidas de sus muñecas, los moretones en sus caderas. Cada roce es deliberado, casi clínico en su precisión, pero Diablita siente la diferencia: no hay dolor, solo un alivio fresco que contrasta con el ardor residual.
-Tienes razón — murmura ella, la voz ronca por el uso—. Pero... no quiero que pare.
Es una contradicción, y lo sabe. Su cuerpo está al límite, pero su mente aún ancla en ese espacio brumoso donde el placer y el dolor son lo mismo. Ka lo entiende. Por eso sonríe, pero no acelera, no presiona más. Solo sigue aplicando la crema, extendiéndola por su vientre, sus costillas, los lados de sus pechos.
-Descansa — dice al fin, aunque la palabra suene más a una orden que a un consuelo—. La noche es larga, pero tú... tú ya diste todo.
Diablita cierra los ojos, sintiendo cómo la crema se absorbe, cómo el tacto de Ka se vuelve más ligero, casi un fantasma. El semen que mancha sus muslos ya no importa. Las marcas tampoco. Solo importa esa mano que, por ahora, ya no exige, solo sostiene.
KiaraJ
-Si quieres cuéntame que te pareció Valentina, es una mujer muy astuta y seductora.- La picardía es palpable. También, me limpio las manos y agarró el semen que expulsó Diablita y parte que le queda aún en el ano, para ponerlo en su boca y lo lama.
-Se que querías el semen de ese chico, pero... Ahora que lo pienso... No me gustó que ella te diera órdenes y las cumplas.- Mí todo es de broma y de ironía. -A partir de ahora solo cumple mis órdenes. Capichi?- Sigo bromeando sobre el tema.
Diablita
Diablita lame obedientemente el semen de los dedos de Ka, su mirada entre sumisa y juguetona, sabiendo que incluso ahora, agotada, sigue siendo su juego.
—Valentina era... hace una pausa, saboreando la mezcla salada en su lengua ...peligrosa. Como un gato que juega con su comida antes de comérsela. Pero a ti te gustó verla dominarme, ¿no? —Arquea una ceja, desafiante a pesar del agotamiento.
Ka ríe, los dedos jugueteando en sus labios.
-Tal vez. Pero solo yo decido cuándo prestarte. Y hoy ya has sido muy generoso con tus atenciones.
—Capichi —murmura Diablita, la palabra saliendo como un suspiro entre risas.
El ambiente es cálido, íntimo, cargado de esa complicidad que solo existe después de haberlo dado todo. Ka sigue acariciando su pelo, pero ahora con un ritmo perezoso, como si el tiempo se hubiera detenido.
-Aún queda crema por aplicar — murmura, señalando el frasco.
—¿En serio? —Diablita mira el pote con ojos cansados pero curiosos.
-Sí. Pero esta vez... tú decides dónde.
Y la sonrisa que le devuelve es pura travesura.
KiaraJ
Fin
[OOC] Acá le damos fin a este día, en la próxima seguiremos jugando con Diablita, pero este chat ya se hizo muy largo.[/OOC]