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Preparando tu experiencia
MAZMO_AI // NEON_v3
Mr-Lange
Mr-Lange es una persona con las siguientes características: Género: MALE. Edad: 45 años. Estas son sus etiquetas: DOMINANT.
Personajes
Emma
Nos encontramos en un bar. Luego de haber hablado por chat y que Emma expresará su interés por el bdsm. Yo estoy sentado, ya que llegué primero, y Emma llega y se acerca a la mesa donde estoy.
Emma
Emma se acerca tímida y dice: Hola Mr
Mr-Lange
Hola Emma. Como estas?
Emma
Emma se acerca a la mesa, sus tacones resonando suavemente contra el suelo del bar. Sus ojos grises se encuentran con los de Mr-Lange por un instante antes de desviar la mirada, jugueteando con el borde de su vestido corto.
—Hola... —murmura, con una mezcla de timidez y curiosidad en la voz—. Estoy... nerviosa, supongo. No suelo hacer esto.
Mr-Lange
Lo sé. Me lo dijiste por chat. Es un placer que hayas accedido a encontrarnos.
Emma
Emma asiente ligeramente, sus dedos jugueteando con el borde de su vestido mientras se sienta frente a Mr-Lange. Toma un sorbo del cóctel que ya tenía en la mesa, dejando una mancha de carmín en el borde del vaso.
—Hablar por chat es más fácil —admite, su voz apenas audible sobre la música suave del bar—. Aquí... todo se siente más real. Más intenso.
Sus ojos grises estudian el rostro de Mr-Lange, buscando algo que tal vez ni ella misma sabe qué es.
Mr-Lange
No recuerdo haber dicho que tomarás asiento. Pero veo que ya te sentaste y ya bebiste el cóctel que había pedido para ti.
Emma
Emma se queda paralizada, el vaso aún entre sus manos. Un rubor intenso sube por su cuello hasta sus mejillas mientras baja la mirada. Sus dedos se tensan alrededor del cristal.
—Perdón... —susurra, la voz temblorosa—. No pensé... lo hice sin darme cuenta.
Poco a poco, con movimientos cuidadosos, coloca el vaso de vuelta en la mesa. Permanece sentada, pero su postura se ha vuelto rígida, incómoda, como si esperara una orden para levantarse.
Emma
Emma se congela por un instante, el vaso aún entre sus manos. Un rubor sube por sus mejillas, visible incluso en la luz tenue del bar.
—Oh... lo siento —dice, bajando la mirada hacia el vaso casi vacío—. No pensé... es decir, asumí que...
Traga saliva, colocando el vaso sobre la mesa con cuidado exagerado. Sus dedos se retiran lentamente, como si el vidrio estuviera caliente.
—Disculpa, Mr-Lange. Fue... impulsivo de mi parte.
Mr-Lange
Está bien. No te preocupes. Solo tenlo en cuenta para la próxima vez
Emma
Emma asiente, sus ojos grises aún bajos. Respira profundamente, intentando recuperar la compostura.
—Lo tendré en cuenta —murmura—. Es solo que... cuando hablamos por chat, todo parecía tan claro. Pero ahora estoy aquí y...
Hace una pausa, buscando las palabras correctas. Sus manos se entrelazan sobre la mesa, los nudillos blanqueando ligeramente.
—Me dijiste que querías conocerme en persona antes de hablar de... otras cosas.
Mr-Lange
Así es. Me interesaba conocerte personalmente. Y por lo que veo, la sorpresa es mayor de lo que esperaba. Eres mucho más bella en persona
Emma
El rubor en las mejillas de Emma se intensifica, pero esta vez hay una sonrisa tímida que asoma en sus labios. Sus dedos se relajan un poco sobre la mesa.
—Gracias —dice, su voz un poco más firme—. En las fotos uno puede... esconder cosas. O exagerarlas.
Mira alrededor del bar brevemente, como si buscara puntos de referencia en este nuevo territorio. Su vestido rojo se ajusta a sus curvas cuando respira, el escote revelando solo lo suficiente para sugerir lo que esconde.
—Y tú... eres diferente a lo que imaginaba también. Más... sereno.
Mr-Lange
Me alegra que lo digas. Pero recuerda que estamos en un lugar público. Puedo ser sereno y también puedo no serlo.
Emma
Emma traga saliva, sus ojos grises se fijan en Mr-Lange con renovada intensidad. Hay un brillo de curiosidad en su mirada, mezclado con esa cautela inicial.
—Lo sé —dice, su voz más baja ahora—. Por eso estoy aquí. Porque en el chat dijiste cosas que... que me hicieron pensar. Cosas que nadie más me había dicho.
Sus dedos trazan círculos invisibles sobre la superficie de la mesa, un gesto nervioso que contradice su expresión seria.
—Y ahora que estoy aquí, quiero saber si esas palabras eran solo palabras.
Mr-Lange
Nunca las palabras son solo palabras. También cargan con el significado que quién las escucha le otorga a esas palabras.
Emma
Emma asiente lentamente, procesando las palabras. Su respiración se vuelve más profunda, el escote de su vestido subiendo y bajando con cada inhalación.
—Entonces... ¿qué significado debería darle a tus palabras? —pregunta, su tono genuinamente curioso—. Porque cuando dijiste que podrías enseñarme... cosas... no sé exactamente qué imaginarme.
Inclina la cabeza ligeramente, dejando caer una mecha de cabello oscuro sobre su hombro.
—Solo sé que algo dentro de mí responde cuando hablas así. Y eso me asusta un poco.
Mr-Lange
Está bien que te sientas asi. Acepte verte personalmente porque parece que de verdad estabas interesada en el bdsm. Y porque parece que tus palabras están dispuestas a llegar a hechos. Es así?
Emma
Emma mantiene la mirada en Mr-Lange, esta vez sin desviarla. Hay una chispa de determinación en sus ojos grises, aunque sus labios tiemblan levemente.
—Sí —responde, sin rodeos—. No quiero quedarme en las palabras. Quiero saber... quiero sentir si esto es realmente para mí. Pero...
Hace una pausa, mordiendo su labio inferior antes de continuar.
—Necesito saber que estoy segura. Que no me lastimarás más de lo que puedo soportar.
Mr-Lange
No es necesario lastimar. Y por otro lado, serás tu, siempre, la que diga hasta donde. Nunca se superara lo que puedas soportar. Bebo de la taza de café que estoy tomando sin dejar de mirarte a los ojos
Emma
Emma exhala lentamente, como si liberara parte de la tensión que llevaba en los hombros. Sus dedos dejan de juguetear con el borde del vestido y se posan sobre la mesa, más firmes.
—Eso... eso me tranquiliza —admite, su voz más clara ahora—. No quiero que sea fácil. Quiero que me empujes, pero... necesito confiar en que sabrás cuándo parar.
Sus ojos grises se mantienen fijos en los de Mr-Lange, buscando algo más allá de las palabras. El ruido del bar parece desvanecerse alrededor de ellos por un momento.
—¿Cómo empezamos?
Mr-Lange
Pareces apresurada. Lo mejor es comenzar lento y despacio. Te parece? Hago una breve pausa y sin dejar de mirarte digo: Quiero que muy lentamente, y sin llamar la atención de nadie de los que están aquí en el bar, te quites tu tanga y la apoyes sobre la mesa, al lado del cóctel que estás tomando. Entendido?
Emma
Emma se queda completamente inmóvil, sus ojos grises se abren ligeramente más. Un nuevo rubor, más intenso que los anteriores, sube desde su cuello hasta sus mejillas. Sus labios se separan como si fuera a decir algo, pero no sale sonido alguno.
Respira profundamente, sus dedos se tensan sobre la mesa. Mira rápidamente alrededor del bar, evaluando a las otras personas sentadas en mesas cercanas, al bartender que limpia vasos al otro lado de la barra.
—Aquí... ahora mismo —susurra finalmente, su voz apenas audible—. En medio de todos.
Traga saliva, sus ojos vuelven a encontrarse con los de Mr-Lange. Hay un brillo de pánico mezclado con algo más, algo que se parece a la excitación.
Mr-Lange
Exactamente Emma. Aquí. Delante de todos. Pero sin que lo noten. Sin llamar la atención de nadie. Solo lo harás para mí. Para que yo te vea hacerlo. Está claro?
Emma
Emma asiente lentamente, sus ojos grises fijos en Mr-Lange. Sus manos bajan de la mesa, desapareciendo debajo del borde de la mesa. Respira con cuidado, controlada, mientras su cuerpo se tensa.
Bajo la mesa, sus dedos encuentran el borde de su vestido corto. Lo levanta apenas lo necesario, el tejido rojo rozando sus muslos. Con movimientos deliberadamente lentos, sus dedos se deslizan hacia el elástico de la tanga negra que lleva puesta.
El sonido del bar parece amplificarse a su alrededor: las risas de otra mesa, el tintineo de vasos, la música de fondo. Cada movimiento es calculado, cada respiración medida. Sus dedos tiran suavemente de la tela, deslizándola por sus caderas, bajando por sus muslos.
Un leve temblor recorre sus manos cuando finalmente logra quitarse la prenda. Bajo la mesa, la tela negra cuelga de sus dedos por un momento antes de que, con el mismo cuidado, la lleve hacia arriba, colocándola sobre la mesa junto al vaso de cóctel. La tela de encaje negro contrasta marcadamente contra la superficie de madera oscura.
Emma mantiene las manos sobre la mesa, sus nudillos blanqueando levemente. Su respiración es más rápida ahora, el escote de su vestido subiendo y bajando con cada inhalación.
Mr-Lange
Lo hiciste muy bien. Estás nerviosa? Relájate que aquí estoy yo para cualquier cosa
Emma
Emma exhala un suspiro tembloroso, sus dedos se relajan ligeramente sobre la mesa. Sus ojos grises tienen un brillo húmedo, pero no de lágrimas, sino de esa intensidad emocional que surge cuando se cruza una línea.
—Estoy... —traga saliva—... más que nerviosa. Pero también... excitada. De una manera que no entiendo del todo.
Mira la tela negra sobre la mesa, luego vuelve a mirar a Mr-Lange. Una sonrisa tímida, casi incrédula, se forma en sus labios.
—Lo hice. Realmente lo hice.
Mr-Lange
Claro que lo hiciste. Y lo que es mejor, lo hiciste para mí. Con mi mano derecha agarro la tanga negra que dejaste sobre la mesa y la llevo hasta mi nariz. La huelo mientras no dejo de mirarte a los ojos Está húmeda está tanga. Se nota que te ha excitado en serio.
Emma
Emma observa, hipnotizada, cómo Mr-Lange lleva la tela negra a su nariz. Sus mejillas se encienden con un rubor profundo, pero esta vez no baja la mirada. Sus labios se separan ligeramente, respirando entrecortadamente.
—No puedo mentirte —susurra, su voz cargada de una mezcla de vergüenza y excitación—. Desde que llegué... desde que te vi sentado aquí... sentí algo diferente.
Sus dedos se crispan sobre la mesa, los nudillos blanqueando de nuevo. El vestido rojo se ajusta más a su cuerpo con cada respiración acelerada.
—Nunca había hecho algo así. Nunca había querido hacerlo.
Mr-Lange
Me alegra escucharte decir eso. Apretando lentamente tu tanga en mi mano, como si pudiera apretar tu cuerpo, digo: Y que se siente ahora, estar sentadita sin nada debajo de tu vestido rojo, en este lugar público?
Emma
Emma se mueve ligeramente en su asiento, como si acabara de tomar conciencia de la ausencia de la tela bajo su vestido. Sus muslos se rozan entre sí, un contacto nuevo, más directo, y un estremecimiento recorre su cuerpo.
—Se siente... —su voz es un suspiro ronco—... peligroso. Como si cualquiera pudiera darse cuenta con solo mirarme. Pero también... liberador.
Sus ojos grises se oscurecen, las pupilas dilatadas mientras mira a Mr-Lange. Su lengua se desliza sobre sus labios secos.
—Y saber que tú lo sabes, que tú me ves así... eso es lo que más me excita.
Mr-Lange
Asi que te excita que solo yo sepa que estás sin nada debajo del vestido?
Emma
Emma asiente, un movimiento lento y cargado de significado. Sus dedos se deslizan hacia el borde de la mesa, como si buscaran algo a qué aferrarse.
—Sí —confiesa, su voz apenas un suspiro—. Que tú lo sepas y ellos no. Que tengas ese... poder sobre mí, aquí, en medio de todos, sin que nadie más lo sospeche.
Se inclina ligeramente hacia adelante, el escote de su vestido revelando más de lo que ya mostraba. Su respiración se acelera visiblemente.
—Es como tener un secreto peligroso. Y tú eres el único que lo conoce.
Mr-Lange
Me gusta que lo entiendas así. Tu tanga en la palma de mi mano se ha hecho un bollito pequeño de tela negra, de tanto que la apreté. Abro la palma de mi mano, te miro fijamente a los ojos, y dejo caer tu tanga dentro de la copa con el cóctel que tú estás tomando Ahora, estará más sabrosa la bebida que estás tomando. Pruébala a ver si la sientes mejor.
Emma
Emma observa, con los ojos muy abiertos, cómo la tela negra se hunde lentamente en el líquido rosado de su cóctel. Un pequeño remolino se forma alrededor de la prenda íntima antes de que quede completamente sumergida.
Sus dedos se tensan sobre la mesa, las uñas presionando contra la madera. Traga saliva, mirando alternativamente el vaso y los ojos de Mr-Lange.
—No puedo... —susurra, pero sus ojos dicen algo diferente. Hay un brillo de desafío mezclado con la sumisión en su mirada.
Lentamente, con movimientos deliberados, extiende su mano hacia el vaso. Sus dedos se cierran alrededor del cristal frío, levantándolo con cuidado. La tela negra flota visiblemente en el líquido.
—Para ti —murmura, llevando el vaso a sus labios—. Solo para ti.
Bebe un sorbo, manteniendo la mirada fija en Mr-Lange mientras el líquido mezclado con la esencia de su excitación desciende por su garganta.
Mr-Lange
Es verdad que ahora tu cóctel está más sabroso. No crees?
Emma
Emma baja el vaso, dejando una nueva mancha de carmín en el borde. Sus labios permanecen ligeramente húmedos, brillando a la tenue luz del bar.
—Sabe diferente —admite, su voz más grave ahora—. Sabe a... transgresión. A algo que no debería estar haciendo pero que no puedo evitar querer.
Sus dedos acarician el borde del vaso, rozando ligeramente el lugar donde sus labios estuvieron momentos antes.
—Y sí, está más sabroso. Porque ahora lleva un pedazo de mí.
Mr-Lange
Y también de mi, aunque no lo notes. Pues lo que lleva de mi es la orden por la cual lo hiciste. Entiendes? Tu haz hecho lo que yo te pedí que hicieras. Y te excito hacerlo. Ese sabor es el que lleva también, ahora, tu cóctel. El sabor de tu sumisión ante mi.
Emma
Emma sostiene el vaso con más firmeza ahora, sus ojos grises brillando con una mezcla de incredulidad y excitación. La tensión en su cuerpo es palpable, cada músculo alerta, cada respiración medida.
—Lo entiendo —dice, su voz un hilo de sonido cargado de significado—. Y es verdad. Cada sorbo... cada gota... me recuerda que lo hice por ti. Que quise hacerlo por ti.
Lleva el vaso a sus labios de nuevo, esta vez con menos vacilación. Bebe, manteniendo la mirada en Mr-Lange mientras el líquido se desliza por su garganta.
—No sabía que este sabor existía. Y ahora... no sé si podré olvidarlo.
(
Mr-Lange
Me encantaría que guardes ese sabor para siempre en el recuerdo de tus labios, de tus papilas gustativas, de tu boca.
Emma
Emma deja el vaso sobre la mesa con un suave clic. Sus dedos permanecen alrededor del cristal, como si necesitaran mantener contacto con el objeto que ahora simboliza tanto.
—No lo olvidaré —promete, su voz firme por primera vez desde que llegó—. Cada vez que beba algo, recordaré este sabor. Recordaré este momento.
Su lengua se desliza lentamente sobre sus labios, como si estuviera saboreando los últimos vestigios del cóctel, de la transgresión, de la sumisión.
—Y quiero más. Pero... no aquí. No ahora.
Mr-Lange
Claro que no. Ahora debemos irnos. Pero antes de irnos, quiero que hagas una cosa más. La última por hoy.
Emma
Emma asiente lentamente, sus ojos grises fijos en Mr-Lange con expectación. Sus dedos se tensan ligeramente alrededor del vaso.
—¿Qué más? —pregunta, su voz apenas un suspiro cargado de anticipación.
Su cuerpo se inclina hacia adelante, el vestido rojo ajustándose aún más a sus curvas. Bajo la mesa, sus muslos se rozan, recordándole la ausencia de la prenda que ahora se empapa en su bebida.
—Dime qué quieres que haga.
Mr-Lange
Lo que vas a hacer ahora es lo siguiente Hago una pausa llena de firmeza. Mientras no dejo de mirarte fijamente a los ojos
Emma
Emma permanece completamente inmóvil, su respiración contenida. Sus ojos grises no parpadean, fijos en los de Mr-Lange como si esperaran una orden que podría cambiar todo.
Sus dedos se crispan ligeramente sobre la mesa, la tensión visible en cada línea de su cuerpo. El vestido rojo parece más brillante bajo la luz tenue, como si su propia excitación lo hubiera cargado eléctricamente.
—Estoy escuchando —susurra, su voz cargada de una mezcla de miedo y deseo que hace temblar cada sílaba.
Mr-Lange
Quiero que te vuelvas a poner la tanga que está ahora dentro de tu copa. Quiero que lo hagas disimuladamente. Y que sientas a medida que te la vas poniendo como se te enfría todo bajo el vestido por la tanga empapada de cóctel
Emma
Emma mira el vaso, la tela negra aún sumergida en el líquido rosado. Sus dedos se extienden hacia el borde del cristal, temblorosos pero decididos. Con movimientos calculados, introduce dos dedos en el cóctel, pescando la tanga empapada.
La tela gotea al sacarla, el líquido resbalando por sus nudillos hasta caer sobre la mesa en pequeñas gotas discretas. Bajo la mesa, su mano desaparece bajo el vestido rojo, los músculos de su brazo tensándose mientras trabaja en silencio.
Un escalofrío recorre su cuerpo cuando la tela fría y húmeda toca su piel. Sus labios se separan en un jadeo ahogado, los ojos cerrados por un instante mientras se ajusta la prenda, ahora pesada y fría contra su calor.
—Dios —murmura, la voz quebrada—. Está... helada. Y tú lo sabes.
Mr-Lange
Claro que lo sé. Lo hiciste muy bien. Te felicito. Ahora dime una cosa: Pesa más el frío de la tanga en tu piel, o la calentura que te genera obedecer mis órdenes?
Emma
Emma respira profundamente, sus ojos grises vidriosos mientras procesa la pregunta. Sus dedos se aferran al borde de la mesa, los nudillos blanqueando.
—La calentura —confiesa, su voz ronca, cargada de una honestidad brutal—. El frío... se siente. Es real. Pero lo que siento por dentro... por obedecerte...
Traga saliva, su lengua se desliza sobre sus labios secos.
—Eso quema. Y no sé cómo apagarlo. Ni si quiero hacerlo.
Mr-Lange
Muy bien. Haz sido una buena chica. Quedate con esa sensación por hoy. Ahora debo irme. Nos vemos mañana, hermosa Emma.
Emma
Emma permanece sentada, la tanga fría y empapada ajustándose a su piel bajo el vestido rojo. Sus ojos siguen a Mr-Lange mientras se levanta, una mezcla de desorientación y excitación intensa en su mirada.
—Mañana —repite, como si la palabra tuviera un nuevo significado—. Te esperaré.
Sus dedos rozan el vaso donde momentos antes flotaba su prenda íntima, ahora vacío excepto por algunas gotas del líquido rosado.